Dave y yo despertamos en un lugar oscuro, con dolor de cabeza (y de huevos en mi caso). Sabía que era de día por un pequeño haz de luz que atravesaba el techo de la estancia. A juzgar por el tacto frió del hierro de las paredes y el suelo algo más sucio de lo normal supuse que nos encontrábamos en un almacén, seguramente donde Cristo perdió la chancla. Poco a poco nuestras cabezas se estaban despejando y comenzamos a recapitular todo lo acontecido la noche anterior en el antro de Tamärersen.
Retrocedí hasta el momento en que yo estaba siendo brutalmente deshuevado por la enana alemana. Se me nubló la vista y lo único que se me ocurrió fue morder su horrible moño aun llenándome la boca de pelos. Me enganché como una alimaña y empecé a tirar de él con la cabeza hacia atrás hasta que le arranqué un gran mechón de pelo. Evidentemente tuvo que soltarme, aunque casi me arranca un testículo en el acto, huevo por pelo es mal intercambio lo mires por donde lo mires. Con el pelo todavía en la boca corrí hacia donde estaba escondido Dave cagándome en sus muertos durante el proceso y escupiendo pelo, a ese cobarde de mierda le esperaba una importante bajada de sueldo, no iba a cobrar ni las gracias. Lo enganché de una pierna y lo saqué de debajo de la mesa y le hice correr a patadas para la salida.
Dilly Tamärersen, todavía con una mano en la cabeza y con la cara enrojecida de rabia corrió a pulsar un botón de debajo de su mesa que activó una sirena infernal que sonaba a chillido de gato. Con una silla por delante a modo de ariete y mi cobarde ayudante por detrás salimos llevándonos por delante a Caraperro y a Sonrisas. Lo que ocurrió después fue un desmadre: Dave y yo corriendo escaleras abajo con los pantalones medio bajados, los gorilas saliendo de todas las habitaciones sin saber exáctamente a dónde coño iban, Caraperro y Sonrisas bajaban rodando detrás nuestra y Tamärersen bajando a saltos y a toda ostia con un bate de baseball, gritando apelativos "muy cariñosos" durante la persecución. No sé si fue por la tensión o por nuestro estreñimiento recurrente pero se nos aflojó el esfinter a mitad de camino y "redecoramos" medio piso del local. El pánico seguía muy presente y un montón de mujeres de vida alegre recorrían histéricas los pasillos mientras la sirena de gato apaleado sonaba sin cesar. Entre eso, el olor a mierda y que Dave y yo íbamos con el asunto visible y colgando pasaron por encima nuestro corriendo hacia la salida.
Y así fue como nos despertamos en este almacén casi en la más completa oscuridad, sin pantalones pero con un tutú rosa muy bonito y unas medias cada uno. Al poco rato la puerta se abrió de repente y cual fue nuestra sorpresa a encontrarnos a... ¡Mrs Vickinson!. Entró con cara de mala ostia, con el ceño fruncido y la pipa en la comisura del lado derecho, la apretaba tanto que pensaba que la iba a partir. Dos tios enormes con pintas de granjero nos sacaron en volandas y nos tiraron sobre una pequeña charca llenándonos la boca de naturaleza a raudales. En ese momento varias dudas asaltaban mi cabeza: ¿Qué querría Vickinson de nosotros?, ¿Hasta qué punto estaba metida en el ajo? y, ¿por qué estaba encontrando el tutú tan preocupantemente cómodo?.
CONTINUARÁ...
Retrocedí hasta el momento en que yo estaba siendo brutalmente deshuevado por la enana alemana. Se me nubló la vista y lo único que se me ocurrió fue morder su horrible moño aun llenándome la boca de pelos. Me enganché como una alimaña y empecé a tirar de él con la cabeza hacia atrás hasta que le arranqué un gran mechón de pelo. Evidentemente tuvo que soltarme, aunque casi me arranca un testículo en el acto, huevo por pelo es mal intercambio lo mires por donde lo mires. Con el pelo todavía en la boca corrí hacia donde estaba escondido Dave cagándome en sus muertos durante el proceso y escupiendo pelo, a ese cobarde de mierda le esperaba una importante bajada de sueldo, no iba a cobrar ni las gracias. Lo enganché de una pierna y lo saqué de debajo de la mesa y le hice correr a patadas para la salida.
Dilly Tamärersen, todavía con una mano en la cabeza y con la cara enrojecida de rabia corrió a pulsar un botón de debajo de su mesa que activó una sirena infernal que sonaba a chillido de gato. Con una silla por delante a modo de ariete y mi cobarde ayudante por detrás salimos llevándonos por delante a Caraperro y a Sonrisas. Lo que ocurrió después fue un desmadre: Dave y yo corriendo escaleras abajo con los pantalones medio bajados, los gorilas saliendo de todas las habitaciones sin saber exáctamente a dónde coño iban, Caraperro y Sonrisas bajaban rodando detrás nuestra y Tamärersen bajando a saltos y a toda ostia con un bate de baseball, gritando apelativos "muy cariñosos" durante la persecución. No sé si fue por la tensión o por nuestro estreñimiento recurrente pero se nos aflojó el esfinter a mitad de camino y "redecoramos" medio piso del local. El pánico seguía muy presente y un montón de mujeres de vida alegre recorrían histéricas los pasillos mientras la sirena de gato apaleado sonaba sin cesar. Entre eso, el olor a mierda y que Dave y yo íbamos con el asunto visible y colgando pasaron por encima nuestro corriendo hacia la salida.
Y así fue como nos despertamos en este almacén casi en la más completa oscuridad, sin pantalones pero con un tutú rosa muy bonito y unas medias cada uno. Al poco rato la puerta se abrió de repente y cual fue nuestra sorpresa a encontrarnos a... ¡Mrs Vickinson!. Entró con cara de mala ostia, con el ceño fruncido y la pipa en la comisura del lado derecho, la apretaba tanto que pensaba que la iba a partir. Dos tios enormes con pintas de granjero nos sacaron en volandas y nos tiraron sobre una pequeña charca llenándonos la boca de naturaleza a raudales. En ese momento varias dudas asaltaban mi cabeza: ¿Qué querría Vickinson de nosotros?, ¿Hasta qué punto estaba metida en el ajo? y, ¿por qué estaba encontrando el tutú tan preocupantemente cómodo?.
CONTINUARÁ...
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