miércoles, 12 de febrero de 2014

A LAS SEIS DE LA TARDE

En aquella tarde lluviosa de Abril el reloj anunció las seis, nervioso me puse la chaqueta y cogí un paraguas con las manos temblorosas, al fin había llegado el día, y estaba lleno de ilusión, tanto como un niño pequeño al recibir sus regalos de cumpleaños. Ella me estaba esperando en la cafetería del centro donde tantas veces solíamos pasar tardes enteras hablando y mirando a la gente ir de aquí para allá a través de los cristales hasta que llegaba la noche y tocaba regresar a casa. Ella acudió como siempre, era un día más, un café que compartir con un buen amigo, una tarde llena de risas, anécdotas, una larga y extensa conversación... pero yo sabía que ese día marcaría un punto de inflexión entre nosotros, ya no nos veríamos igual, nunca más.

Después de tanto tiempo frente a frente, mirando sus preciosos ojos y registrando en mi memoria cada una de las palabras que brotaban de su boca encadenadas unas a otras sabía que lo que sentía por ella no era simple amistad, no era un afecto corriente, me había enamorado como siempre pasa, sin darte cuenta, sin poder evitarlo. Yo no sabía si esa chica sentiría lo mismo y, quizás por miedo esperé un mes, dos, hasta que no pude más y decidí que no podría esperar más porque podría llegar otro que me la robara de las manos, sería un todo o nada. Me dije a mi mismo que probablemente lo llegaría a lamentar muchísimo y me dolería más el no haberle confesado mis sentimientos más sinceros, porque podría ir mal y rechazarme pero sería un castigo menor que tener que enterrar toda esa vorágine de sensaciones que ella despertaba dentro de mi en lo más profundo de mi ser.

Mis pasos cada vez eran más veloces y más largos, mis músculos cada vez se encontraban más tensos, seguramente por no temblar de miedo, nada importaba, ya estaba decidido y mi único objetivo era llegar y hacer aquello para lo que llevaba semanas reflexionando y preparándome. Iba tan inmerso en mis pensamientos que no me importó pasar inadvertidos todos los charcos que la lluvia había dejado tras de sí y empapar mis botas. Al fin llegué a nuestra cafetería y ella llegó pasados cinco minutos, no sé si se había arreglado más de la cuenta o quizás era yo que la miraba tras unos ojos adulterados pero la encontraba más guapa de lo que ya era y esperaba que esa fuera la última vez que nos saludásemos con los típicos dos besos de dos amigos y que mis labios tocaran los suyos en los reencuentros que estaría por venir.

Tras un rato poniéndonos al día liberé todo aquello que guardaba en el pecho y que estaba oprimiéndome más y más, siempre lo recordaré como si fuera ayer, con estas palabras tras pedirle silencio para simplemente, algo importante y ella me miró con los ojos bien abiertos y una tierna sonrisa de oreja a oreja mientras yo comenzaba a dar forma a todo de la mejor manera que podía:

"Me tendrás que perdonar, porque hay cosas contra las que no se puede luchar, te valoro demasiado pero me siento fatal por no haber sido capaz de encontrar la forma de no quererte y evitar llegar a esto.

Me tendrás que perdonar, porque pienso en ti cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo...

Me tendrás que perdonar, ya que muero por besarte y no terminar nunca.

Me tendrás que perdonar porque tiraré abajo nuestra amistad con la esperanza de construir algo mejor sobre los cimientos.

Me tendrás que perdonar porque no acepto que lo nuestro sea un café, porque quiero conquistar todo tu mundo más allá del trocito que me reservas y me regalas, no me conformo, pues lo quiero todo para mi. 

Sí, definitivamente me tendrás que perdonar porque, ¿sabes qué? no me arrepiento de nada y sólo tendrás dos opciones, olvidarte de mi o bien abrazar todo cuanto te ofrezco ahora y en adelante en este punto de inflexión. Es un cambio en el que ambos perderemos algo, eso es cierto, pero ganaremos algo más grande."

Ella siguió con la mirada fija en mi durante unos segundos que a mi me parecieron horas, pero cuando abrió la boca acercándose a mi me susurró al oído: LO QUIERO TODO, ya estabas tardando.

Así fue como concluyó mi historia o así habría concluido si tan solo... fuese real.






miércoles, 5 de febrero de 2014

CAMARERO, ¡UNA DE COLLEJAS!

Pues bien, aquí después de poco más de un mes volvemos a encontrarnos. Hacía bastante tiempo que no comentaba algunos de los aspectos cotidianos de la vida que me tocan la moral y la verdad es que tengo un saco bastante grande de heces en el congelador, ya es tiempo de sacar algunas que sino no me caben las pizzas y además últimamente me estoy abandonando mucho con respecto a esta sección de mi vida.

Antes que nada realizar una advertencia a ti, querido lector/a que puedes llegar a encontrarte aquí intencionadamente o de la más pura casualidad: LO QUE LEERÁS A CONTINUACIÓN NO VA POR NADIE EN ESPECIAL NI VA CON SEGUNDAS NI ME HALLO RESENTIDO NI ES MIEDO A UNA GUERRA NUCLEAR, ETCÉTERA, ETCÉTERA, ETCÉTERA... Todo esto lo digo para prevenir, que luego a alguien se le puede ir la almendra sin venir a cuento y la tenemos liada y lo que vendría después sería tener que crear un espacio de aludidos en este blog, cosa que hoy por hoy no estoy por la labor de hacer... Finalizado este inciso, comenzamos.

Hay gente que cuando cuenta algo le gusta dejar lo mejor para el final, bueno a mi me puede el ansia y cuento al principio lo que tengo más ganas de decir. Hablemos un poquito de un concepto que desde hace relativamente poco tiempo está de moda aquí en España y no es otro que el famoso "postureo". Bien, hay que aclarar que aunque el concepto parezca nuevo no lo es en absoluto, el postureo no es otra cosa que lo que otrora fuese el "paripé" de toda la vida, pongamos un ejemplo: el típico menda que va a estudiar a la biblioteca... o eso dice, en realidad es un método para no sentir cargo de conciencia ante una vaguería extrema que le corroe por dentro, sabemos que no va a estudiar, sabemos que estará con el libro encima de la mesa y con el móvil debajo, hasta él mismo se cree que está estudiando y luego cuando llega la época de recogida de las calabazas se sorprende de que la cosecha haya sido tan abundante. Este tipo de postureo realmente sólo perjudica a quien lo ejerce por fortuna, los demás SABEMOS que trabaja menos que el sastre de Tarzán (y es por eso que yo no paro en una biblioteca para estudiar salvo quizás el mismo día del examen para dar un repaso de última hora, es que sé que no voy a mover un dedo, prefiero estudiar en casa cuando me llegue la inspiración divina).

     Otro tipo de postureo muy famoso es el que hacen muchos chicos y chicas para gustar a la persona deseada (éste tipo sobretodo se da en adolescentes, por lo que quizás tienen una pequeña disculpa por aquello de la edad del pavo, la tontuna o como queráis llamarlo). Podemos encontrar desde la típica persona que finge adorar un grupo, artista o gusto musical cuando en realidad lo encuentra cuanto menos vomitivo (aquí aprovecho para confesar que de Extremoduro sólo me gustan 3 canciones, el grupo me parece una puta basura con patas que sólo vale para que las niñas digan que escuchan rock, cuando muchas no saben quienes son los grupos realmente relevantes de dicho género, vamos una puta mierda de cultura musical para qué engañarnos aunque no quiero decir que por conocer Extremoduro todo el mundo vaya a ser igual... pero se da mucho aunque de eso hablaremos más adelante) hasta las fotos que se llegan a hacer desde ángulos imposibles para enviar o colgar por redes sociales poniendo los típicos morritos, sacando pechúmen o bien haciendo pose de maniquí. Todo esto es un fenómeno viral que existe desde la primera red social y que ha creado a una generación clónica de mujeres/chicas/niñas... si estáis leyendo esto y sois una de ellas que sepáis que, sinceramente no tenéis ni un ápice de personalidad aunque penséis lo contrario.

Todos hemos caído en mayor o menor medida alguna vez en un postureo, de hecho me incluyo, no suelo esforzarme por aparentar nada que no soy pero en fin, seguro que alguna vez en la vida me habré visto forzado a recurrir a este "noble" arte.

Cambiando de tema, vamos con la segunda perla de la noche. Imaginaos que os encontráis en cualquier reunión de amigos o bueno, no tan amigos y llegáis con toda vuestra buena fe y oh! soltáis un comentario de lo más ingenioso sobre el tema que se esté tratando esperando una buena aceptación, quizás unas risas o iniciar una buena conversación nueva pero cae en saco roto y no os pasa ni una ni dos ni tres sino infinitas veces con mucha gente, es más, seguro que muchos os habréis llevado miradas asesinas por ello de propina. Casualidades de la vida que llega un tío más soso que su puta madre a donde estáis todos (o ya estaba allí) que curiosamente suele carecer de ideas propias y suelta exactamente EL MISMO COMENTARIO que habéis compartido antes con los demás, efectivamente, él consigue el resultado que te habría gustado conseguir a ti. Veréis, mi madre siempre dice: "Más vale nacer con estrella que nacer estrellado" y qué razón tiene, la gente que tiene ese gran éxito social sin proponerselo no es que tenga más carisma o que tenga más gracia ¡no!, simplemente es así y a lo mejor puede estar poniendo a parir a quien sea y a soltar barbaridades por la boca que da igual, ¡es él!, ¡todo vale!, incluso le van a hacer la ola por ello. Mientras tanto, tú, pobre infeliz, ante el más ínfimo comentario sin la menor intencionalidad de ofender ya la tienes liada para horas, días, semanas... No hay nombre (o al menos yo no lo conozco) para este tipo de situaciones pero una cosa está clara, les caes como el culo y no les has dado motivos para ello así que el mejor consejo que te puedo dar es que te largues e intentes ser amigo de otras personas, ganas tiempo y posiblemente mejor compañía. 

Para finalizar vamos con el tercer tema que aquí me trae, el caso del adulador/a crónico. Es una patología muy frecuente, también conocida como "peloteo", sí es verdad es más vieja que el mear pero me toca la moral igualmente. Es gente que tiene un talento increíble para regalarte el oído con palabras vacías, seguramente esperando conseguir algo, arreglar algo, camuflar una cagada o lavar el cerebro de alguien. Cuando realmente una de esas personas siente lo que dice y dicha persona le tiene identificado se encuentra con un problema, no tiene la más mínima credibilidad. Es una de las facetas por las que se presenta la falsedad. A mi ese tipo de gente me pone de más mala ostia que la anteriormente mencionada, hablando en plata, pero están tan extendidos que a estas alturas se han convertido en un elemento más del mobiliario urbano, con lo cual tampoco pensaba dedicarles mucho más espacio y tiempo aquí.

A modo de despedida simplemente quiero aclarar que siempre que escribo este tipo de reflexiones no me considero perfecto ni mucho menos, esto sólo es una manera simple de expresar mi pensamiento, las ideas de un ser imperfecto, sobre seres imperfectos para quizás la lean seres imperfectos, pero sigue siendo un perfecto desahogo para mi. Esto ha sido todo por hoy y  os deseo a todos buenas noches y hasta la próxima.