lunes, 5 de agosto de 2013

CAMBIOS

Sentado en la oscuridad de un salón con las aspas del ventilador del techo girando sin parar. Esa es la escena que se repite y repetirá durante todo el mes de agosto, al menos la mayoría de las noches. Algunos dicen que la soledad es buena, que así es como realmente llegas a conocerte pero al fin y al cabo, ¿qué es lo que he estado haciendo durante estos siete meses anteriores?. Compañía no me ha faltado, ciertamente y es de agradecer tener tanta gente a tu lado compartiendo el camino y enseñándote todas aquellas visiones de la vida que desconoces, pues sólo posees la tuya. Pero ahora aquí me encuentro, mendigando una pequeña conexión a internet para lograr escribir y compartir unas líneas con vosotros de lo que seguramente sean mis rayadas, pero rayadas desde lo más hondo que aumentan a medida que pasan los días lejos de casa.

Llevo aquí poco más de cuatro días y ¿qué puedo decir?. Es una ciudad que todos los años ha marcado un principio y un final para mi, siempre ha sido mi fin de año particular, en el momento en que me introducía en sus frías aguas todo lo malo que me había sucedido a lo largo de los doce meses anteriores desaparecía, quedaba limpio, renovado para afrontar doce meses más de idas y venidas, despedidas y reencuentros, logros y fracasos, etc...

Sin embargo este año ha sido el primero que he sentido que yo no debía estar aquí, que a lo mejor debía haberme quedado en Madrid y haber dicho "basta ya". Tal vez sea porque ahora mi vida ha cambiado de verdad, porque deseo tener más responsabilidades que sé que puedo abarcar, porque quiero más independencia y por tanto poder de decisión sobre mi vida. Pero no, creo que esto va más allá. Cada vez tengo las ideas más claras y por primera vez acepto que no siempre podré volver aquí a simplemente sentarme a ver cómo pasa el tiempo y compartir buenos momentos con la gente de siempre, la gente que huele a verano y que siempre me ha conocido en mi época más despreocupada del año. Ellos cada vez han ido menguando más y más hasta que sólo quedan unos pocos que son los que realmente valen incluso hasta considerarlos como de mi familia, pues yo no creo en los lazos de sangre para llegar a apreciar o querer a alguien plenamente.

Si dejase de volver a la ciudad del Sol, de la tranquilidad, de las aguas turbias y frías y del "pescaíto" frito y hierros oxidados sólo lo lamentaría por toda esa gente, porque ya este lugar no me resulta tan tranquilo, porque he llegado a ver la sombra en pleno día y porque al fin, las aguas están claras para mi. Siento que no me levanto con la misma ilusión cuando veo el mar todas las mañanas. Las vidas de los otros cambiaron y yo intentaba mantener mi mundo inalterado, auténtico. Un gran error, lo único que hace mi mundo auténtico soy yo y todo lo que hay dentro de mi ser. Los recuerdos de tiempos mejores siempre estarán en mi cabeza y mi corazón en forma de memorias y sentimientos que danzan de la mano inseparables, no podrían ser independientes después de todo. Los amigos que aún perduran sin duda seguirán ahí y yo para ellos por muchos años que caigan y muchas ostias que nos llevemos.

Pero estos cuatro días y el tiempo que me queda se me están haciendo un mundo y sólo yo y pocas personas saben por qué, es curioso como a parte de todos los cambios un sólo sentimiento puede poner todo patas arriba, da igual como acabe porque para mi lo que ahora cuenta es el momento. Quizás es esto lo que me ha abierto los ojos, quizás es porque es aún más auténtico y verdadero que la vez anterior. Aquí tan lejos me siento encadenado aunque sea temporalmente, aunque no sea totalmente limitante, aunque a la larga esto no sea lo que me va a impedir nada. Que yo decido el rumbo a tomar, todo está claro, el coraje está en su sitio, en el centro de mi y voy a por todas gane o pierda, cueste lo que cueste.

Desde hoy declaro mi lealtad a mi mismo, y... 

1 comentario:

  1. buena reflexión amigo, estás cruzando "la delgada línea roja"
    Oz está cada vez más cerca

    abrazos

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