Chicago, 23 de Abril de 1926.
Los matones-granjeros de Mrs Vickinson nos sacaron a toda leche del almacén, nosotros seguíamos teniendo la cara que se pone en un estado como entre acojone y estupefacción. El tutú se me llenó de barro por todas partes, no hay remedio, donde vayamos siempre nos acompañará la mierda y por tanto a Dave se le acumulará el trabajo en la lavandería, tiene unas manitas de niña para lavar que da gusto
La señora Vickinson se puso a gritar como una posesa en una jerga de pueblo extraña. Porque no entendimos nada, sino juraría que se estaba cagando en toda nuestra ascendencia. Al fin se calmó y ordenó a los matones que nos colgaran a Dave y a mi en unos palos con unos ganchos bien altos, que clavaron por el tutú dejándonos todo el culo al aire. Vickinson resultó ser una asociada de Tamärersen, por lo visto trapicheaban con hortalizas por todo Chicago y los terrenos de la mujer de la pipa servían de escondite a la banda que estábamos buscando. Estuvo interrogándonos cerca de una hora a cerca de lo que estábamos buscando. Fue ella la que nos envió casi directos al antro de Dilly Tamärersen, de ahí que nada mas entrar en su oficina me agarrase de las criadillas de detective sexy que tengo sin mediar palabra. Fue por eso, pero la verdad es que también fue porque todas las hortalizas que nos llevamos POR CULPA DE DAVE estaban destinadas para ella y sus hombres así que en parte fue un ajuste de cuentas que supongo que no había acabado.
Vickinson no atendía a razones, le ofrecí de todo con tal de ponerle de nuestro lado: un dibujo hecho por mi, una poesía, la nómina entera de Dave durante todo un año... pero nada, estaba decidida a cerrarnos la boca a cualquier precio, eso sólo nos dejaba una opción: tratar de escapar al caer la noche, cuando estuviera dormida y la vigilancia de sus granjeros fuese más baja. Afortunadamente sabía como hacerlo, era un plan infalible que mi cerebro desarrollo rápidamente mientras la corpulenta granjera-mafiosa soltaba sus graznidos dejándonos con una sordera crónica.
Cayó la noche, y llegó el momento que estábamos esperando: metí la mano por debajo de mis calzones, saqué un paquete de cerillas, cogí una y tras encenderla le prendí fuego al tutú de Dave.
CONTINUARÁ...
martes, 27 de agosto de 2013
martes, 20 de agosto de 2013
MIS DEMONIOS
Cae la noche, bajo órdenes directas del Alto Mando me dirijo
a visitar a un grupo de tres presos recluidos en las celdas de aislamiento más
profundas. Desde que se fundó esta Comunidad las leyes fueron muy estrictas, se
condena toda maldad en cualquier forma, el bien es el poder hegemónico que ha
perdurado durante veinticinco años y así será hasta que desaparezca todo rastro
de luz. De vez en cuando algún rebelde decide actuar bajo sus propios designios
y quebrantar las leyes y la armonía de éste sitio idílico, pero existen unos
seres creados por el Alto Mando, poco más jóvenes que él, esos seres son
conocidos como los Represores. Estas criaturas tienen un único objetivo, CAZAR
Y RECLUIR, todos aquellos inadaptados del sistema no tardan en ser capturados
por ellos hasta el punto que no son capaces de llegar a actuar (los Represores
nacieron con el don de la clarividencia y se anticipan a todas las acciones de
los rebeldes).
Los que no llegan a actuar son llevados a los pisos del
nivel intermedio, donde poco a poco son reeducados y reinsertados por las
Voluntades Blancas, carceleros de vocación que han ido siendo seleccionados
desde que nuestro mundo se creó. Pero los que yo voy a visitar… bueno, son un
caso aparte, ellos actúan más organizados, son más rápidos, más fuertes y más
inteligentes. Pocas veces han actuado, ellos conocen los momentos de mayor
debilidad del Alto Mando y cuando sus fuerzas flaquean, ellos actúan. Se hacen
llamar a sí mismos Defensores, dicen ser capaces de resolver todos aquellos
problemas que el Alto Mando es incapaz de solventar por sí mismo, dicen que son
los guardianes silenciosos de este mundo. Por eso van con largas vestimentas de
color negro tapando sus rostros con máscaras del mismo color, y se ocultan allí
donde los impulsos son más fuertes, ya que los Represores no pueden ver ahí.
A lo largo de la historia han cometido fallos y han llegado
a ser capturados, pero no se los puede tener recluidos mucho tiempo y vuelven a
escapar zafándose de las Voluntades hacia su escondite. Yo soy un “Nadie”, una
entidad errante que no encontró su papel en el momento del nacimiento y que va
de aquí para allá documentando todo lo que ve sin objetivo concreto. Los Nadies
podemos viajar a placer por todos los territorios de la comunidad, ya que
nuestro único afán de conocer no pone en peligro el sistema y no somos capaces
de influir con nuestro conocimiento adquirido en él.
Esta vez los tres de negro han sido encarcelados
recientemente debido a su última incursión y no podía dejar pasar la
oportunidad de documentarme a cerca de ellos.
Al fin llegué a mi destino, el módulo siete de Limbus, la
zona más profunda de la Comunidad, donde se encontrabas las celdas de los tres.
No hubo problemas, las Voluntades me dejaron pasar sin si quiera reparar en mi
presencia y me dirigí a la primera celda:
En ella solamente figuraba un cartel que rezaba: 003-IRA. La
mujer de negro me contó que nació directamente del Primer Llanto, el día que se
estableció el sistema, como consecuencia de la vorágine de emociones
desordenadas que más tarde fueron los ladrillos de todo lo que podemos ver.
Ella dice aparecer como respuesta inmediata y agresiva cuando el Alto Mando se
bloquea, justo en el primer momento que pierden la capacidad de responder ante
la amenaza de las Lawyer, comunidades malignas que se ocultan tras un halo de
bondad, últimamente en el intermundo estas comunidades abundan según cuenta Ira.
En esta ocasión respondió ante un arma tan vieja como las Comunidades, la
mentira, un solo impacto de sus proyectiles y el alto mando se ve desolado. Ira
aisló la Comunidad de manera preventiva para
minimizar los daños y dejar que sus otros dos compañeros aplacaran al
Lawyer, en definitiva, su labor era ganar tiempo. Ira decidió que ya era el
momento de pasar a la siguiente celda y me indicó el camino, pues sólo se puede
llegar a la siguiente pasando a través de la suya.
002-ORGULLO: Al pasar a la celda mi anfitrión se quitó la
máscara, pues tiene reputación en toda la Comunidad de dar la cara para todos
los asuntos en los que se le requiere. Tenía expresión adusta y una barba corta
y homogénea, sus ojos brillaban como si en su interior habitase una llama
fulgurante que no tiene intención de apagarse. Me contó que él nació el día del
Primer Éxito, como símbolo de la prevalencia de la Comunidad y su brillante
futuro. Él fue encerrado en el Limbus según dijo por retrasar la vuelta del
Alto Mando, que doblegaría la Comunidad ante el Lawyer. Se plantó con gallardía
frente a él y le asestó el primer golpe, suyas son la razón, la verdad y la
valentía. Ante estas tres armas, el propio Orgullo del Lawyer se resquebrajó y
la Comunidad permaneció fuera de peligro ante esa Comunidad ostil. Orgullo me
invitó a pasar a la siguiente celda, la de su hermano pequeño, pero no por ello
menos poderoso.
Cada vez que abandonaba una celda, las dudas dentro de mi
iban creciendo más y más a cerca de nuestros distinguidos prisioneros, pero
supuse que todas ellas serían despejadas tras abandonar la última celda, así
que despejé mi mente y llegué al que iba a ser mi último destino.
001-VENGANZA: La puerta se abrió sola y una ráfaga de aire
me empujó al interior de la celda. Un halo de misterio envolvía a su ocupante.
Era una silueta delgada con el pelo largo y alborotado. Un frio helador emanaba
de él congelando el ambiente, mi voz y mi mente estaban bloqueadas, o eso me
parecía a mi hasta que sin yo mediar palabra, comenzó a relatarme su historia.
Venganza nació con la Primera Derrota, la Comunidad quedó muy afectada, pero él
llegó como una fuerza que ni el más fuerte de los Lawyer podía doblegar. Fue
encarcelado por Culpa, una Voluntad que nació a la vez que él. Venganza era el
encargado de asestar el golpe final al Lawyer, cosa que por supuesto hizo.
Culpa consideró que se propasó y que no tenía ningún derecho a emprender ese
tipo de acciones y por eso lo encarceló.
Tras la historia de Venganza seguían sin quedarme claros
todos los pensamientos que habían ido apareciendo en mi cabeza. De repente salí
de mi prisión psicológica y caí en la cuenta de una cosa, era el final del
camino y no parecía haber ningún punto de retorno por ninguna parte. Entonces
casi al instante de volver en mí aparecieron los tres de negro a mi alrededor,
unieron sus manos en torno a mi y una oscuridad intensa me tragó.
Aparecí ante una nueva puerta hacia otra celda, en cuyo
cartel sólo se podía leer: 3+1, J ZERO. Entré y dentro de ella había un ser
dorado que iluminaba todo aquello que tuviera cerca y más allá. Avanzó
alargando una mano donde yo estaba parado y la posó en mi cabeza. Sin articular
palabra, su voz sonaba dentro de mi mente:
“Yo soy el cuarto, el verdadero, el que ocultan los otros
tres. Yo no nací, simplemente SOY. Existo en todas aquellas comunidades, menos
en las de aquellos que tú llamas Lawyers, pues ellos decidieron darme la
espalda y vivir sin equilibrio. Sin mi, los tres oscuros desequilibrarían el
sistema corrompiendo al Alto Mando (así es como nacen los Lawyers) pero conmigo
nace un compendio de poderes, yo decido cuando cada parte de la Comunidad debe
realizar su papel. Si, los oscuros forman parte de ella tanto como tú, pobre
iluso que piensa que su única meta dentro de esta vida que ocupa es observar.
Tu labor es la más importante de todas, ya que no eres un Nadie, eres todo lo
contrario, eres la continuidad del sistema, tú… tú eres mi alumno. Y de todo
aquello que te he mostrado hoy reconstruirás una nueva Comunidad dentro del ser
y te llamarás Maestro. Seguramente tu mente no alcance a comprender quién soy
yo, seguramente tengas aún infinidad de preguntas que hacerme pero todo a su
tiempo, ya que comenzaré por revelarte la lección más importante de todas, yo
soy… LA JUSTICIA”.
viernes, 16 de agosto de 2013
NOIR (Capítulo 5)
En ninguna parte, 23 de Abril de 1926:
Dave y yo despertamos en un lugar oscuro, con dolor de cabeza (y de huevos en mi caso). Sabía que era de día por un pequeño haz de luz que atravesaba el techo de la estancia. A juzgar por el tacto frió del hierro de las paredes y el suelo algo más sucio de lo normal supuse que nos encontrábamos en un almacén, seguramente donde Cristo perdió la chancla. Poco a poco nuestras cabezas se estaban despejando y comenzamos a recapitular todo lo acontecido la noche anterior en el antro de Tamärersen.
Retrocedí hasta el momento en que yo estaba siendo brutalmente deshuevado por la enana alemana. Se me nubló la vista y lo único que se me ocurrió fue morder su horrible moño aun llenándome la boca de pelos. Me enganché como una alimaña y empecé a tirar de él con la cabeza hacia atrás hasta que le arranqué un gran mechón de pelo. Evidentemente tuvo que soltarme, aunque casi me arranca un testículo en el acto, huevo por pelo es mal intercambio lo mires por donde lo mires. Con el pelo todavía en la boca corrí hacia donde estaba escondido Dave cagándome en sus muertos durante el proceso y escupiendo pelo, a ese cobarde de mierda le esperaba una importante bajada de sueldo, no iba a cobrar ni las gracias. Lo enganché de una pierna y lo saqué de debajo de la mesa y le hice correr a patadas para la salida.
Dilly Tamärersen, todavía con una mano en la cabeza y con la cara enrojecida de rabia corrió a pulsar un botón de debajo de su mesa que activó una sirena infernal que sonaba a chillido de gato. Con una silla por delante a modo de ariete y mi cobarde ayudante por detrás salimos llevándonos por delante a Caraperro y a Sonrisas. Lo que ocurrió después fue un desmadre: Dave y yo corriendo escaleras abajo con los pantalones medio bajados, los gorilas saliendo de todas las habitaciones sin saber exáctamente a dónde coño iban, Caraperro y Sonrisas bajaban rodando detrás nuestra y Tamärersen bajando a saltos y a toda ostia con un bate de baseball, gritando apelativos "muy cariñosos" durante la persecución. No sé si fue por la tensión o por nuestro estreñimiento recurrente pero se nos aflojó el esfinter a mitad de camino y "redecoramos" medio piso del local. El pánico seguía muy presente y un montón de mujeres de vida alegre recorrían histéricas los pasillos mientras la sirena de gato apaleado sonaba sin cesar. Entre eso, el olor a mierda y que Dave y yo íbamos con el asunto visible y colgando pasaron por encima nuestro corriendo hacia la salida.
Y así fue como nos despertamos en este almacén casi en la más completa oscuridad, sin pantalones pero con un tutú rosa muy bonito y unas medias cada uno. Al poco rato la puerta se abrió de repente y cual fue nuestra sorpresa a encontrarnos a... ¡Mrs Vickinson!. Entró con cara de mala ostia, con el ceño fruncido y la pipa en la comisura del lado derecho, la apretaba tanto que pensaba que la iba a partir. Dos tios enormes con pintas de granjero nos sacaron en volandas y nos tiraron sobre una pequeña charca llenándonos la boca de naturaleza a raudales. En ese momento varias dudas asaltaban mi cabeza: ¿Qué querría Vickinson de nosotros?, ¿Hasta qué punto estaba metida en el ajo? y, ¿por qué estaba encontrando el tutú tan preocupantemente cómodo?.
CONTINUARÁ...
Retrocedí hasta el momento en que yo estaba siendo brutalmente deshuevado por la enana alemana. Se me nubló la vista y lo único que se me ocurrió fue morder su horrible moño aun llenándome la boca de pelos. Me enganché como una alimaña y empecé a tirar de él con la cabeza hacia atrás hasta que le arranqué un gran mechón de pelo. Evidentemente tuvo que soltarme, aunque casi me arranca un testículo en el acto, huevo por pelo es mal intercambio lo mires por donde lo mires. Con el pelo todavía en la boca corrí hacia donde estaba escondido Dave cagándome en sus muertos durante el proceso y escupiendo pelo, a ese cobarde de mierda le esperaba una importante bajada de sueldo, no iba a cobrar ni las gracias. Lo enganché de una pierna y lo saqué de debajo de la mesa y le hice correr a patadas para la salida.
Dilly Tamärersen, todavía con una mano en la cabeza y con la cara enrojecida de rabia corrió a pulsar un botón de debajo de su mesa que activó una sirena infernal que sonaba a chillido de gato. Con una silla por delante a modo de ariete y mi cobarde ayudante por detrás salimos llevándonos por delante a Caraperro y a Sonrisas. Lo que ocurrió después fue un desmadre: Dave y yo corriendo escaleras abajo con los pantalones medio bajados, los gorilas saliendo de todas las habitaciones sin saber exáctamente a dónde coño iban, Caraperro y Sonrisas bajaban rodando detrás nuestra y Tamärersen bajando a saltos y a toda ostia con un bate de baseball, gritando apelativos "muy cariñosos" durante la persecución. No sé si fue por la tensión o por nuestro estreñimiento recurrente pero se nos aflojó el esfinter a mitad de camino y "redecoramos" medio piso del local. El pánico seguía muy presente y un montón de mujeres de vida alegre recorrían histéricas los pasillos mientras la sirena de gato apaleado sonaba sin cesar. Entre eso, el olor a mierda y que Dave y yo íbamos con el asunto visible y colgando pasaron por encima nuestro corriendo hacia la salida.
Y así fue como nos despertamos en este almacén casi en la más completa oscuridad, sin pantalones pero con un tutú rosa muy bonito y unas medias cada uno. Al poco rato la puerta se abrió de repente y cual fue nuestra sorpresa a encontrarnos a... ¡Mrs Vickinson!. Entró con cara de mala ostia, con el ceño fruncido y la pipa en la comisura del lado derecho, la apretaba tanto que pensaba que la iba a partir. Dos tios enormes con pintas de granjero nos sacaron en volandas y nos tiraron sobre una pequeña charca llenándonos la boca de naturaleza a raudales. En ese momento varias dudas asaltaban mi cabeza: ¿Qué querría Vickinson de nosotros?, ¿Hasta qué punto estaba metida en el ajo? y, ¿por qué estaba encontrando el tutú tan preocupantemente cómodo?.
CONTINUARÁ...
lunes, 12 de agosto de 2013
HORIZONTE
Tarde de domingo por la playa, me despierto de una siesta de dos horas tras una comida pesada. Mal para adelgazar, pero al final la carne es débil. Aunque despierto seguía tumbado en esa gran cama que por las tardes está solo para mi, mi cuerpo no quería moverse. Veréis, cuando estoy en Madrid el noventa por ciento del año curiosamente soy incapaz de dormirme por las tardes salvo que la mañana hubiese sido realmente agotadora, y me pasa en raras ocasiones. Aquí eso es imposible, ¿cómo resistirse al pesado calor del sur?. Posiblemente ni un luchador te tumbaría tan rápido como lo hace aquí el clima. Combinado con la comida es la mezcla mortal. Con torpeza me levanto de mi "KO", me lavo la cara y me vuelvo a disfrazar de humano.
Esa tarde no tenia muchas opciones, con lo que decidí salir a pasear tranquilamente a lo largo de la costa y buscarme algún rincón entre las rocas donde apalancarme como un ermitaño. La música era mi única compañera, viajando a bordo de mi Mp3.
A medida que avanzaba en mi camino y acortaba distancias con mi lugar de meditación, o si lo preferís, donde quedarme "antontolinao perdío" el heavy metal se convertía en rock, el rock en pop y el pop terminó desapareciendo en favor de esa música que no se escucha en discotecas ni en garitos de copas, esa música que mueve tu corazón y que muchos conocen, pocos escuchan y aún menos reconocen oírla por un miedo irracional al "qué dirán", siempre presente, siempre jodiendo, siempre apartando a las personas unas de otras. En el momento en que terminó aquel cambio encontré mi sitio, sentado en una piedra que sobresalía de todas las demás, con vistas hacia el mar en calma, eterno y al otro lado hacia la ciudad cambiante. Mi mirada se detuvo un buen rato en ese punto intermedio, esa delgada línea donde no ocurre nada. Nada cambia, pero nada se mantiene constante. Únicamente un fino hilo irreal dibujado por mi imaginación que separaba las maltratadas playas de la ciudad y el mar del cemento, el hierro y el asfalto.
Ya eran las nueve y el Sol comenzaba a caer, la gran familia de gatos que se encontraba bajo mis pies daba buena cuenta de todo aquello que les proporcionaban las viejecitas olvidadas, sin nada mejor que hacer que gastarse parte de su pensión en esos animales inquietos e independientes, tal vez por entretenimiento o quizás porque necesitaban cuidar a alguien, sentirse útiles y sobretodo felices consigo mismas por hacer algo bueno.
Volví a alzar la vista hacia el mar, oteando el horizonte como si contemplase algo interesante, con los ojos entrecerrados. Llamadme tradicional, romántico, gilipollas, viejuno , pero me gustan las puestas de Sol, aunque las tenga que ver sólo y por varias razones: los últimos resquicios de calor del Sol, su reflejo alargado en el mar siempre tembloroso y que se extiende como una columna hasta perderse en el punto en el que mar y cielo son uno, pero sobretodo, por esos últimos rayos de luz anaranjada que nos regala siempre que no hay nubes.
Con todo esto, ¿cómo podemos creernos más importantes que todo aquello que nos rodea?. Tan sólo somos una nota más de la canción que comenzó a tocarse hace millones y millones de años y que llenó el vacío de elementos de violenta belleza y de orden dentro del desorden. Nuestro papel puede ser bello, pero también horrible. Como prueba de nuestra insignificancia, pese a que la pequeña sinfonía que aquí en nuestro mundo se está tocando, sólo éste vería su fin si así fuera el caso, puesto que formamos parte de algo más grande y eso tan sólo sería una nota perdida en la melodía eterna.
Pero también tenemos la habilidad de crear nuestra propia música. Una pequeña canción dando a luz a otra, lo que hace que la vida cobre importancia al menos para nosotros mismos, que la música y letra que todos creamos se entremezcle con la de los demás. De ahí nacen todas las sociedades en las que vivimos, que al igual que una canción, puede gustar o no. De ahí nacen todos los sentimientos que como la música son emociones: tristeza, odio, celos, amistad, alegría y por supuesto (y no menos importante) amor
El Sol, completó su ciclo y marchó del horizonte dejando paso a las luces de la ciudad cambiante, oscureciendo la eternidad de las aguas e instándome a que volviera a casa, tal vez un poco más sabio, o tal vez un poco más loco.
Así pues la música oculta se transformó en pop, el pop en rock y el rock en heavy metal y regresé.
viernes, 9 de agosto de 2013
NOIR (capítulo 4)
Chicago, 22 de Abril de 1926
Volví con Dave a la ciudad, a la zona más peligrosa de
todas, el barrio de la rata, tras un improvisado desayuno de pimientos y
cangrejos sumergidos en whisky que nos provocó un puntillo muy gracioso. Según
las indicaciones del Sr. Montoya la señorita Tamärersen se encontraba hospedada
en la pensión Mary Tomeno, lugar sórdido donde los haya, repleto de gentuza y
mierda por doquier, el sitio perfecto para que Le Troupe de la Caqué pudiese
operar sin levantar sospechas.
Al instante de entrar en el local nos llegó un olor
nauseabundo del fondo del pasillo, o al menos eso nos parecía hasta darnos
cuenta de que el asqueroso hedor provenía de nuestros pantalones. Sí, nos
habíamos cagado, a parecer los vegetales de la señora Vickinson que combinados
con el whisky y los cangrejos nos provocaron flojera intestinal con lo que Dave
y yo nos quedamos huecos. Pedí dinero “prestado” a Dave para comer algo en el pequeño restaurante de la pensión.
Mientras comía la bazofia del comedor algo me empezó a oler a chamusquina y no
precisamente por nuestros pantalones antes grises, ahora marrones. El barman,
que era bizco, tenía un ojo puesto en nosotros, el otro, a saber dónde estaría
mirando. Eso sólo podía significar una cosa, Tamärersen sabía que estábamos
allí y no tardaría en enviar a alguien a invitarnos “amablemente” a mantener
una conversación con ella.
Efectivamente llegaron dos matones de tres por quince a por
nosotros. Uno tenía cara de simpático y el otro de cabrón en potencia. Me hizo
gracia la extraña pareja y les puse respectivos motes: Sonrisas y Caraperro les
venía que ni al pelo. Sonrisas se nos quedó mirando con su amplia sonrisa de
dientes alargados y al cabo de unos instantes habló: “Viene o k ase?”.¡ La
madre que lo parió!. Era uno de esos borregos de la ciudad que seguía las
estúpidas modas que se iban imponiendo y el hablar así era una de ellas. No nos
quedó más remedio que obedecer, ya que Caraperro sacó el garrote de convencer.
Entramos en el despacho de Tamärersen, recorrí la estancia
con la mirada. No había nadie, o eso creía yo hasta que sentí que algo tiraba de mis pantalones
manchados de caca de detective. Ahí estaba ella. Era la señorita más enana que
mis ojos habían visto. Nos miraba a Dave y a mi con expresión graciosa. Sin yo
esperarlo me agarró de mis partes nobles y me las retorció.¡ Joder con la puta
enana de los cojones! Estaba tan muerto de dolor que en lo único que pensaba
era en salir de allí echando leches, pero el edificio estaba lleno de gorilas,
a eso añadirle que el cabrón y cobarde de Dave se había escondido debajo de una
mesa y se había puesto a llorar. No sabía cómo salir de esa, el dolor no me
dejaba pensar con claridad y probablemente lo tendría difícil para tener hijos
en un futuro si llegase a planteármelo, pero tenía que hacer algo y reuní la
poca concentración que me quedaba para ello, me armé de valor y actué lo más
rápido que pude.
CONTINUARÁ…
lunes, 5 de agosto de 2013
CAMBIOS
Sentado en la oscuridad de un salón con las aspas del ventilador del techo girando sin parar. Esa es la escena que se repite y repetirá durante todo el mes de agosto, al menos la mayoría de las noches. Algunos dicen que la soledad es buena, que así es como realmente llegas a conocerte pero al fin y al cabo, ¿qué es lo que he estado haciendo durante estos siete meses anteriores?. Compañía no me ha faltado, ciertamente y es de agradecer tener tanta gente a tu lado compartiendo el camino y enseñándote todas aquellas visiones de la vida que desconoces, pues sólo posees la tuya. Pero ahora aquí me encuentro, mendigando una pequeña conexión a internet para lograr escribir y compartir unas líneas con vosotros de lo que seguramente sean mis rayadas, pero rayadas desde lo más hondo que aumentan a medida que pasan los días lejos de casa.
Llevo aquí poco más de cuatro días y ¿qué puedo decir?. Es una ciudad que todos los años ha marcado un principio y un final para mi, siempre ha sido mi fin de año particular, en el momento en que me introducía en sus frías aguas todo lo malo que me había sucedido a lo largo de los doce meses anteriores desaparecía, quedaba limpio, renovado para afrontar doce meses más de idas y venidas, despedidas y reencuentros, logros y fracasos, etc...
Sin embargo este año ha sido el primero que he sentido que yo no debía estar aquí, que a lo mejor debía haberme quedado en Madrid y haber dicho "basta ya". Tal vez sea porque ahora mi vida ha cambiado de verdad, porque deseo tener más responsabilidades que sé que puedo abarcar, porque quiero más independencia y por tanto poder de decisión sobre mi vida. Pero no, creo que esto va más allá. Cada vez tengo las ideas más claras y por primera vez acepto que no siempre podré volver aquí a simplemente sentarme a ver cómo pasa el tiempo y compartir buenos momentos con la gente de siempre, la gente que huele a verano y que siempre me ha conocido en mi época más despreocupada del año. Ellos cada vez han ido menguando más y más hasta que sólo quedan unos pocos que son los que realmente valen incluso hasta considerarlos como de mi familia, pues yo no creo en los lazos de sangre para llegar a apreciar o querer a alguien plenamente.
Si dejase de volver a la ciudad del Sol, de la tranquilidad, de las aguas turbias y frías y del "pescaíto" frito y hierros oxidados sólo lo lamentaría por toda esa gente, porque ya este lugar no me resulta tan tranquilo, porque he llegado a ver la sombra en pleno día y porque al fin, las aguas están claras para mi. Siento que no me levanto con la misma ilusión cuando veo el mar todas las mañanas. Las vidas de los otros cambiaron y yo intentaba mantener mi mundo inalterado, auténtico. Un gran error, lo único que hace mi mundo auténtico soy yo y todo lo que hay dentro de mi ser. Los recuerdos de tiempos mejores siempre estarán en mi cabeza y mi corazón en forma de memorias y sentimientos que danzan de la mano inseparables, no podrían ser independientes después de todo. Los amigos que aún perduran sin duda seguirán ahí y yo para ellos por muchos años que caigan y muchas ostias que nos llevemos.
Pero estos cuatro días y el tiempo que me queda se me están haciendo un mundo y sólo yo y pocas personas saben por qué, es curioso como a parte de todos los cambios un sólo sentimiento puede poner todo patas arriba, da igual como acabe porque para mi lo que ahora cuenta es el momento. Quizás es esto lo que me ha abierto los ojos, quizás es porque es aún más auténtico y verdadero que la vez anterior. Aquí tan lejos me siento encadenado aunque sea temporalmente, aunque no sea totalmente limitante, aunque a la larga esto no sea lo que me va a impedir nada. Que yo decido el rumbo a tomar, todo está claro, el coraje está en su sitio, en el centro de mi y voy a por todas gane o pierda, cueste lo que cueste.
Desde hoy declaro mi lealtad a mi mismo, y...
sábado, 3 de agosto de 2013
NOIR (Capítulo 3)
Chicago, 21 de Abril de 1926
A las cinco de la tarde y con una tormenta del copón, Dave y yo nos pusimos a peinar el extrarradio de la ciudad siguiendo la ruta marcada por las cacas de paloma desde la mansión Ice. ¡Mi fortuna por un puto paraguas!, pero tenía que conformarme con la chaqueta de Dave no podía permitir que mi chaqueta se echase a perder y mi ayudante se ofreció "voluntariamente" a cederme su chaqueta.
El rastro de caca nos llevó directamente a una modesta tienda, "Hortalizas Vickinson", regentada por la señorita Mary Vickinson Towers, una mujer de constitución fuerte con el pelo largo y desaliñado y que no paraba de fumar en pipa. Su difunto marido, el señor Vickinson llegó a la ciudad a finales del siglo pasado y adquirió el terreno donde se encuentra la tienda. Sus comienzos no fueron fáciles, comenzó cultivando sus hortalizas en un pequeño huerto tras la tienda, ahora Mrs Vickinson lo emplea para la cría de cangrejos trasladando las hortalizas a un huerto cercano.
Interrogué a la mujercilla mientras mi ayudante inspeccionaba la zona. Al parecer la banda que raptó a la señorita Martinette también se dedicaba a robar el género de todas las tiendas que podían. Se llevaron pimientos y pepinos para parar siete trenes y unos cuantos cangrejos. Eso sí, no más que los que Dave se sacó por la parte de atrás de la tienda mientras yo mantenía una conversación con la señorita Vickinson. Siempre supe que ese chico llegaría lejos, "requisar" género para poder llevar a cabo con éxito el trabajo y que no pasemos hambre, esos cangrejos son "pecata minuta".
Mrs Vickinson nos puso en ruta hacia un tabernero de la zona que podría saber más a cerca de los robos y darnos más pistas para lograr encontrar a Le troupe de la Caqué. El tabernero era un tipo alto, de expresión adusta y más ancho que un armario. Henry Montoya, un mexicano que decidió probar suerte en los Estados Unidos. El muy cabrón vivía de las patentes, la taberna la tenía por simple hobbie. Es el hijo de puta que llegó aquí y patentó la siesta para toda la zona de Chicago por lo que todos los ciudadanos deben pagarle 2 dólares mensuales por el derecho a dormir la siesta como es debido, de ahí que una de las múltiples razones por las que Dave cobra menos sea esa, a mi nadie me jode la siesta. Después de compartir una botella de whisky "Old Mercadona" se le soltó la lengua, pues no era un hombre fácil de persuadir sin alcohol de por medio. Al principio me habló de derechos, libertades y de una teoría estúpida a la que él llamaba "comunismo", hasta que al fin conseguí la información que buscaba: al parecer el señor Montoya mantenía contacto con la mano derecha del líder de la banda de mierderos, una mujer rubia y bajita de ascendencia alemana, Dilley Tamärersen. Si alguien quería tratos con Le troupe de la Caqué debía acudir a ella.
La señorita Tamärersen no tuvo una infancia fácil, sus padres llegaron a nado desde Europa exiliados por el régimen alemán de Bismark, al parecer por traficar con alfombras de felpa, un material difícil de romper y bastante caro por aquel entonces. Aprendió todo lo que necesitaba saber a cerca del robo y la extorsión gracias a sus padres y cuando la banda se fijó en ella no dudaron en reclutarla. No le costó ningún trabajo escalar puestos hasta que llegó donde está ahora.
El señor Montoya acabó por dormirse de tanto alcohol en el cuerpo, aproveché para echarme una siesta sin que se diera cuenta, recogí a Dave que estaba agonizando en un charco de whisky con todas las hortalizas que nos habíamos llevado desperdigadas por el suelo y los cangregos nadando en un charco de bebida haciendo eses, menudo desastre, cuando parece que hace las cosas bien la caga, por eso nunca confío en él para casi nada.
Tras pasar unos cuantos pepinos y unos cuantos pimientos de contrabando, conseguimos la información que buscábamos, la localización de la residencia de la señórita Tamärersen. Sin más demora nos pusimos rumbo hacia allí.
CONTINUARÁ...
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