Chicago, 31 de Diciembre de 1926
Pues hasta aquí hemos llegado, fin de año y la ciudad intransitable de tanta gente que sale para festejar el fin de año. Tengo a Dave preparando la cena, qué gran chico, se ofreció "voluntariamente", durante el primer trimestre del año no le bajaré el sueldo (o casi) por haberse portado tan bien.
Yo no soy un hombre al que le guste mezclarse entre la multitud y efectivamente eso estoy evitando, prefiero sentarme en mi sillón personal degustando una copa de coñac Becerro de Bengoa, de la más alta calidad mientras contemplo el fabuloso árbol que Dave y yo tomamos prestado del orfanato, ¡qué majos esos chavales!, salían corriendo y nos tiraban bolas de nieve los juguetones.
Pero no todo en estas fechas se centra en el regocijo personal, no, también es momento para el recuerdo de todas aquellas personas que vivieron de alguna manera aventuras con nosotros, pues este ha sido un año movido y eso es lo que haré, será un obsequio de fin de año para vosotros, os contaré qué fue de todos aquellos entrañables personajillos con los que nos topamos:
Las hermanas Ice se aficionaron a la lucha libre a raíz de los "pequeños altercados" sufridos en su mansión, Ladine y Martinette invirtieron su inmensa fortuna en organizar un campeonato famoso en medio país y convirtiéndose en las pioneras de la lucha libre femenina bajo el lema "ains, que te muerdo".
La señora Vickinson fundó la asociación de contusionados a la cabeza anónimos, no sé si el palazo que recibió "accidentalmente" por mi parte en su huerto tuvo algo que ver, pero el caso es que le mejoró el riego y dejó de fumar para siempre. Dejó la criminalidad y se dedicó a la distribución de hortalizas al por mayor por todo el estado.
Tamärersen siguió con sus negocios fraudulentos, esta vez dedicándose al campo de la ortopedia fabricando zancos para bajitos como ella, de mala calidad que vendía a precio de oro. Eso sí, ya se ha vacunado contra la rabia y eso da una cierta seguridad, puede que pronto tenga que seguirla la pista de nuevo.
En cuanto a Charles Warrior, el somnoliento mayordomo de la familia Ice... en fin, él siguió en su sofá.
Henry Montoya, el latino con el tugurio de mala muerte probó fortuna comercializando esa bebida nueva, la CocaCola... como un tónico refrescante que podía mezclarse con cualquier bebida espirituosa, él lo llamaba "el chispazo". Se hizo millonario en pocos meses, se caso con Mrs Tauler, mi casera, que al no necesitar más los ingresos por las oficinas me hizo precio y me vendió el inmueble que pagué gustosamente con los honorarios adquiridos por mis excelentes trabajos.
En cuanto a Dave y a mi... bueno nosotros seguimos al pié del cañón, dos lobos solitarios que se ganan la vida arreglando (o arruinando) la vida de los demás por un módico precio.
Bien, parece que ya va llegando el momento de despedir este año 1926 que nos deja y saludar al nuevo que espero que nos traiga nuevas experiencias y alguna que otra estupidez. A vosotros sólo me queda desearos una feliz salida y entrada de año, desde el pasado os deseo lo mejor y gracias a todos por leer los desvaríos de este pobre y loco detective de tres al cuarto.
martes, 31 de diciembre de 2013
martes, 10 de diciembre de 2013
FRÍO
Siete de la mañana, el despertador suena continuamente y cada vez más alto, lo que daría por estallar ese maldito cacharro contra algo algún día. Me levanto a regañadientes deshaciéndome mientras tanto de mi posición fetal debajo de las sábanas, es curioso como el mundo regresa a ti después de escapar de la fase REM, como cuando enciendes el ordenador día tras día tras volver a casa, cada vez más pienso que si no somos máquinas nos parecemos bastante. Nos levantamos simplemente porque "hay que hacerlo", acudimos a nuestros lugares de estudio o trabajo porque "así son las cosas", como si estuviéramos programados para ello. Nos parecemos a las máquinas pero, ¿qué nos hace funcionar? o, mejor dicho, ¿qué nos mueve a hacer lo que hacemos?. Nosotros, al igual que ellas necesitamos energía, eso está claro y por ello la tomamos del medio en que vivimos en forma de alimento, aire, luz, agua... Todos esos elementos combinados son los que hacen posible que existamos tal y como lo hace la electricidad en un cachivache, pero a diferencia de los trastos nosotros necesitamos un elemento más para funcionar, la motivación, lo que nos mueve a buscar un camino a seguir a lo largo de nuestras vidas, lo que pensamos que nos hará felices algún día o puede que simplemente persigamos un objetivo con la intención de ser reconocidos por nuestros semejantes. Por supuesto también son los sentimientos los que nos mueven: el padre continuará por sus hijos, un gran número de personas lo harán por sus parejas, el hijo lo hará por la madre... si no es nuestra felicidad será la de nuestros seres queridos y en consecuencia, llegaremos a la nuestra.
Termino de prepararme y salgo a la calle camino de la universidad, los cristales de los coches están cubiertos de escarcha, típico de una mañana de Diciembre en Madrid. El calor de mi cuerpo se escapa de mi gradualmente, somos pequeñas chimeneas andantes propagando el vaho por todas partes, qué tendrá que muchas veces nos quedamos ensimismados al verlo salir de nuestras bocas, si tan sólo es vapor que vuela para mezclarse con el aire.
Llego al metro y a medida que desciendo por las escaleras el frío se desvanece. No negaré que muchas veces durante los veinte minutos que tarda el tren en llegar desde mi casa a Ciudad Universitaria me han entrado ganas de dar la vuelta, de bajar y coger el tren en sentido contrario, supongo que a veces la motivación falla y te gustaría rebobinar la cinta hasta ese momento en el que te encuentras "protegido" bajo las mantas de todo cuanto te agobia o preocupa, pero no, hoy no iba a ser ese día que rompiese con lo establecido, en muchas ocasiones el ser humano se impone normas que cree que le ayudarán o conducirán a la meta, también establecida por él o en su defecto, por la sociedad y sus diferentes culturas. En cierto modo siento un poco de envidia por los valientes que dicen: "¡qué cojones!, ¡para qué todo este maldito circo que tenemos montado!" y se dan media vuelta a perseguir sus deseos más inmediatos. Supongo que yo soy un esclavo de mi mismo, de mis normas, de la sociedad que día a día indirectamente me dice que debo trabajar, que debo ganar dinero, que me induce al automatismo que a veces detesto. Puede que hagamos todo esto para poder centrarnos en otras cosas teniendo todos esos actos cotidianos que nos caracterizan como seres humanos predefinidos, pero a veces pienso que nos centramos más en predefinir nuestra vida que en vivirla y al fin y al cabo sólo tenemos una que no debemos desperdiciar.
Al fin mi destino, al salir del metro el frío aire de Madrid vuelve a entrar en mis pulmones y mis pasos se hacen más lentos. A medida que me acerco a la puerta de mi "deber" voy poniendo silencio a todas esas letras y melodías que me han ido acompañando en mi camino dentro del MP4. Subo las escaleras, entro en mi clase, encuentro mi lugar y me siento para recibir la primera clase, ya no queda tiempo para nada más.
Termino de prepararme y salgo a la calle camino de la universidad, los cristales de los coches están cubiertos de escarcha, típico de una mañana de Diciembre en Madrid. El calor de mi cuerpo se escapa de mi gradualmente, somos pequeñas chimeneas andantes propagando el vaho por todas partes, qué tendrá que muchas veces nos quedamos ensimismados al verlo salir de nuestras bocas, si tan sólo es vapor que vuela para mezclarse con el aire.
Llego al metro y a medida que desciendo por las escaleras el frío se desvanece. No negaré que muchas veces durante los veinte minutos que tarda el tren en llegar desde mi casa a Ciudad Universitaria me han entrado ganas de dar la vuelta, de bajar y coger el tren en sentido contrario, supongo que a veces la motivación falla y te gustaría rebobinar la cinta hasta ese momento en el que te encuentras "protegido" bajo las mantas de todo cuanto te agobia o preocupa, pero no, hoy no iba a ser ese día que rompiese con lo establecido, en muchas ocasiones el ser humano se impone normas que cree que le ayudarán o conducirán a la meta, también establecida por él o en su defecto, por la sociedad y sus diferentes culturas. En cierto modo siento un poco de envidia por los valientes que dicen: "¡qué cojones!, ¡para qué todo este maldito circo que tenemos montado!" y se dan media vuelta a perseguir sus deseos más inmediatos. Supongo que yo soy un esclavo de mi mismo, de mis normas, de la sociedad que día a día indirectamente me dice que debo trabajar, que debo ganar dinero, que me induce al automatismo que a veces detesto. Puede que hagamos todo esto para poder centrarnos en otras cosas teniendo todos esos actos cotidianos que nos caracterizan como seres humanos predefinidos, pero a veces pienso que nos centramos más en predefinir nuestra vida que en vivirla y al fin y al cabo sólo tenemos una que no debemos desperdiciar.
Al fin mi destino, al salir del metro el frío aire de Madrid vuelve a entrar en mis pulmones y mis pasos se hacen más lentos. A medida que me acerco a la puerta de mi "deber" voy poniendo silencio a todas esas letras y melodías que me han ido acompañando en mi camino dentro del MP4. Subo las escaleras, entro en mi clase, encuentro mi lugar y me siento para recibir la primera clase, ya no queda tiempo para nada más.
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