martes, 30 de julio de 2013

"NOIR" (Capítulo 1)

Chicago, 20 de Abril de 1926.

     Hacía una noche de perros como de costumbre, una lluvia primaveral que parecía no tener fin. Yo me encontraba en el tugurio del viejo Bill tomando whisky a horas intempestivas. Lo destilaba Bill, el whisky de ese viejo bastardo parecía elaborado por el mismo diablo, joder, pegaba fuerte el condenado. Para añadirle más al asunto, yo era un alcohólico empedernido, sobretodo desde que mi mujer murió en aquel trágico accidente en el puente del que preferiría no hablar. Efectivamente bebí más de la cuenta, tanto que perdí la noción del tiempo. Cuando me quise dar cuenta Bill estaba cerrando y vi que en su reloj de pared las agujas indicaban el paso de la media noche, hora en la que los rateros salen a "pasear". Me preguntaba dónde demonios estaría mi ayudante, había quedado con él y no había aparecido durante toda la noche. Puto Dave, seguro que está con alguna de esas putillas latinas de la calle 13 perdiendo el tiempo con sus "ay mi amooor, ay corasóooon, ven papito que te agarre el churroooo". Claro que con lo que le pago al chaval no puede permitirse nada mejor, pero es que los casos últimamente no me llegan, soy el detective más olvidado de todo el ramo.

Al ver que Dave no llegaba, pedí al viejo barman que me anotase los whiskys en la cuenta (si cuenta se puede llamar a un taco de 40 hojas, pero el pobre está un poco "gagá" jajaja), cogí mi sombrero, mi paraguas y mi gabardina y salí de camino a la oficina bajo la lluvia torrencial. ME CAGO EN LA PUTA, PISÉ UN CHARCO, A LA MIERDA LOS ZAPATOS (menos sueldo para Dave este mes). Tras quince minutos de andar con los pies mojados llegué a mi destino, el edificio de oficinas de la calle Baker, encima del local donde venden esa bebida tan rara que parece de chiste que se empezó a comercializar cuando yo era pequeño, cómo era... ¡CocaCola! jajaja no llegarán muy lejos con esa mierda atiborrada de azúcar.

Subo las escaleras y me limpio con saña en el felpudo de Mrs. Tauler, mi casera, que se joda esa vieja y llame a un servicio de limpieza de una vez, que tengo al pobre Dave limpiándome la entrada día sí y otro también para que los clientes se lleven buena impresión. Entro en mi oficina, y me siento tirando las botas una a cada esquina describiendo una parábola perfecta para un lanzador borracho. Descorcho mi botella de whisky "Old Mercadona" y le pego dos tragos, me quedo frito, no aguanto el garrafón con lo que lo utilizo como somnífero todas las noches.

A las nueve de la mañana me despierta un portazo descomunal, era el maldito crio entrando a toda prisa. Me tiró nervioso las botas a la cara una a una mientras yo despegaba de mi cara todos los papeles que estaban en la mesa, eso sólo podía significar una cosa: un cliente. Decidí que ya echaría cuentas más tarde con Dave por su "despendole" de la noche anterior y me arreglé como pude lo poco que tenía arreglo. Llamaron a la puerta y la persona que entró no era normal, era una belleza increíble, no como los callos que hay en el tugurio: pelo liso a la altura de los hombros y moreno, alta, esbelta y elegante (la perfección en persona). Daba la impresión de ser de buena familia y es por eso que me pregunté qué cojones hacia en mi oficina, la más sucia e inmunda del distrito. La invité a sentarse y ella accedió de mala gana, pues la silla estaba manchada con la canela que sobró de las natillas de hace una semana y daba la impresión de ser muy puntillosa.

La dama expuso su caso: Venia para pedirme que le siguiera la pista a una conocida banda de maleantes, que habían raptado a su hermana de diecinueve años de edad. La mujer me dijo que pertenecían efectivamente a una familia adinerada del norte de la ciudad, la familia Ice y que pagaría lo que fuese por mis servicios como detective, ¡esa mujer podría sacarme de la ruina y al pobre Dave de limpiarme las botas!.

Le pregunté si tenía alguna pista o indicio que pudiera ponernos en camino hacia la banda de malhechores. La señorita Ice sacó de su bolso una pequeña caja con unos estúpidos gatitos dibujados en ella (hello... kitty? qué coño es eso! por la ornamentación de la caja debía venir de un país oriental). Dentro de la caja había un pañuelo rojo con una caca de paloma en el centro. El horror y el asco se dibujaron en mi cara, no me cabía duda que el crimen fue cometido por "Le troupe de la caqué", y esa era su carta de presentación que dejaban en todas las escenas del crimen para adjudicarse la autoría de las fechorías. Acepté el caso por cinco mil de los grandes, si esa banda de grimosos estaba detrás de esto no quería perdérmelo por nada y, ¿quién sabe? a lo mejor me hacía famoso y las "chatis" me lloverían del cielo al limpiar de mugre su ciudad.

Despedí a la señorita Ice, y concertamos una cita en su mansión al día siguiente al medio día. ¿Os lo podeis creer? ¡Iba a comer en la mansión de una de las familias más ricas de Chicago! ¡Y gratis!. Según se iba mi cliente se estaba partiendo de risa, yo para salir de esa incómoda situación le pregunté su nombre. Llorando de la risa me digo con gran trabajo que se llamaba Ladine y se fue a toda leche (hay que joderse los modales de la clase adinerada). Cuando me giré para entrar en mi despacho nuevamente y mis ojos se cruzaron con el espejo caí en la cuenta: ME CAGO EN LA PUTA DE OROS! al parecer también pegué la cabeza a un tintero que había en la mesa y la tinta se había corrido del pelo a mi cara, en fin, otra bajada de sueldo para Dave, ese chico se la está jugando.

CONTINUARÁ...


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