viernes, 24 de abril de 2015

FINALES

Impotencia, eso es lo que se siente cuando estás bloqueado de alguna manera, cuando no vas a ninguna parte y lo único que posees es tu presente y los recuerdos de tiempos mejores que no hacen sino avivar este sentimiento, cuando estás a solas, cuando solo tú y tus pensamientos estás entre cuatro paredes sin más voz ni respiración que la tuya. No queda más opción que seguir, dejar que tu presente se vaya comiendo a tu futuro día tras día, cuando cosas que en un momento tienes se van para atrás como el humo de un tubo de escape, hacia el pasado, donde sinceramente, todo da igual ya que es inalterable. Cuando escribo esto no sé si estoy divagando, si reflejo una obviedad que siempre ha existido o ambas cosas.

¿Alguna vez habéis tenido ese sentimiento de que las cosas no van bien aunque no os esté pasando nada malo en ese momento?, ¿ de dar vueltas intentando encontrar una solución a algo que no sabéis qué es?, corres, saltas, te agarras donde puedes para intentar alcanzarla como puedas pero se te escapa dando la sensación de que intentas apresar el aire, justo ahí la frustración entra en escena y te vas con una sensación de disconformidad a hacer lo que tuvieras que estar haciendo, como si acabases de ver una película de esas que te dejan con ganas de más.

La cuestión es que luego te paras a pensar, y el problema en sí no es que te pase algo, sino que no te pasa nada que sigues y sigues día tras día devorando futuro con tu presente entre los dedos y te empiezas a preguntar un montón de cosas, acerca de si todo lo que tienes está bien o hay cosas que debes desechar o dejar ir, si son un lastre que te impide seguir avanzando o simplemente ocupan un sitio que impide que entren otras cosas. Si, sabes que ha llegado el momento de la criba, algo que todos hemos llegado a hacer alguna vez durante nuestras cortas o largas vidas cuando hemos sentido que las cosas no han estado funcionando como a nosotros nos gusta que lo hagan, cuando pensamos que hay factores que debemos eliminar ya que nos están agotando, cuando por más que intentas conseguir algo te rompes los dientes contra un muro antes de alcanzarlo o cuando tienes gente que ha dejado de aportar algo bueno a tu espíritu como cuando tienes trastos en un armario que llevas años sin usar y simplemente ocupan espacio que podría ser rellenado con otras cosas buenas que ocupen algo más que sitio.

Es el momento de marcar el fin de una etapa, de simplemente dejar ir a personas que en algún momento fueron algo y que ahora mismo no son más que nombres y apellidos ligados a gratos recuerdos, personas que hace tiempo que te desecharon a ti y tu seguiste adelante pensando que seguían ahí, que un día dejaron de llamar mientras tú seguías proponiendo planes obteniendo en el mejor de los casos una excusa barata (dejando excepcionalmente a un lado los casos en los que de verdad la gente no pasa por buenas épocas y no te podía ver por causas ajenas a su voluntad).

Pero debemos ser justos, hay gente que sabemos ha venido para quedarse en tu vida si no para siempre, para un montón de años con la que siempre podremos contar, serán tus puntos fijos en el camino y ayudarte a conservar todo aquello que te define y te hace especial, que no solo te aportan algo sino que ya forman parte de ti.

Así pues he de terminar, como no, con una despedida, arrojando así de tal manera al vacío todo aquello que me impide volar más alto, que sea un futuro no destinado a ser consumido por mi presente sino ser un presente en sí mismo que desplace al viejo hacia atrás. Es por eso que a toda esa gente que simplemente le da igual yo le digo adiós y buen viaje y a todo aquel/aquella que a pesar de todo ha conseguido quedarse... muchísimas gracias.