A las cinco de la tarde y con una tormenta del copón, Dave y yo nos pusimos a peinar el extrarradio de la ciudad siguiendo la ruta marcada por las cacas de paloma desde la mansión Ice. ¡Mi fortuna por un puto paraguas!, pero tenía que conformarme con la chaqueta de Dave no podía permitir que mi chaqueta se echase a perder y mi ayudante se ofreció "voluntariamente" a cederme su chaqueta.
El rastro de caca nos llevó directamente a una modesta tienda, "Hortalizas Vickinson", regentada por la señorita Mary Vickinson Towers, una mujer de constitución fuerte con el pelo largo y desaliñado y que no paraba de fumar en pipa. Su difunto marido, el señor Vickinson llegó a la ciudad a finales del siglo pasado y adquirió el terreno donde se encuentra la tienda. Sus comienzos no fueron fáciles, comenzó cultivando sus hortalizas en un pequeño huerto tras la tienda, ahora Mrs Vickinson lo emplea para la cría de cangrejos trasladando las hortalizas a un huerto cercano.
Interrogué a la mujercilla mientras mi ayudante inspeccionaba la zona. Al parecer la banda que raptó a la señorita Martinette también se dedicaba a robar el género de todas las tiendas que podían. Se llevaron pimientos y pepinos para parar siete trenes y unos cuantos cangrejos. Eso sí, no más que los que Dave se sacó por la parte de atrás de la tienda mientras yo mantenía una conversación con la señorita Vickinson. Siempre supe que ese chico llegaría lejos, "requisar" género para poder llevar a cabo con éxito el trabajo y que no pasemos hambre, esos cangrejos son "pecata minuta".
Mrs Vickinson nos puso en ruta hacia un tabernero de la zona que podría saber más a cerca de los robos y darnos más pistas para lograr encontrar a Le troupe de la Caqué. El tabernero era un tipo alto, de expresión adusta y más ancho que un armario. Henry Montoya, un mexicano que decidió probar suerte en los Estados Unidos. El muy cabrón vivía de las patentes, la taberna la tenía por simple hobbie. Es el hijo de puta que llegó aquí y patentó la siesta para toda la zona de Chicago por lo que todos los ciudadanos deben pagarle 2 dólares mensuales por el derecho a dormir la siesta como es debido, de ahí que una de las múltiples razones por las que Dave cobra menos sea esa, a mi nadie me jode la siesta. Después de compartir una botella de whisky "Old Mercadona" se le soltó la lengua, pues no era un hombre fácil de persuadir sin alcohol de por medio. Al principio me habló de derechos, libertades y de una teoría estúpida a la que él llamaba "comunismo", hasta que al fin conseguí la información que buscaba: al parecer el señor Montoya mantenía contacto con la mano derecha del líder de la banda de mierderos, una mujer rubia y bajita de ascendencia alemana, Dilley Tamärersen. Si alguien quería tratos con Le troupe de la Caqué debía acudir a ella.
La señorita Tamärersen no tuvo una infancia fácil, sus padres llegaron a nado desde Europa exiliados por el régimen alemán de Bismark, al parecer por traficar con alfombras de felpa, un material difícil de romper y bastante caro por aquel entonces. Aprendió todo lo que necesitaba saber a cerca del robo y la extorsión gracias a sus padres y cuando la banda se fijó en ella no dudaron en reclutarla. No le costó ningún trabajo escalar puestos hasta que llegó donde está ahora.
El señor Montoya acabó por dormirse de tanto alcohol en el cuerpo, aproveché para echarme una siesta sin que se diera cuenta, recogí a Dave que estaba agonizando en un charco de whisky con todas las hortalizas que nos habíamos llevado desperdigadas por el suelo y los cangregos nadando en un charco de bebida haciendo eses, menudo desastre, cuando parece que hace las cosas bien la caga, por eso nunca confío en él para casi nada.
Tras pasar unos cuantos pepinos y unos cuantos pimientos de contrabando, conseguimos la información que buscábamos, la localización de la residencia de la señórita Tamärersen. Sin más demora nos pusimos rumbo hacia allí.
CONTINUARÁ...
Henry Montoya!!! jajaja tremendo pinche desperado
ResponderEliminardale pana detective!