Chicago, 23 de Abril de 1926:
La carretilla en la que Dave y yo llevábamos a la niña olía a perro muerto, como no podía ser de otra manera ya que llevaba cubos de caca de paloma por doquier. El cansancio que llevábamos mi ayudante y yo encima era monumental, con lo que decidimos parar en un campo de acelgas cercano y echar un sueñecito. Atamos a la chica y nos quedamos dormidos entre kilos y kilos de acelgas.
Cuando nos despertamos nos encontramos a Martinette despierta y mirándonos con cara de pocos amigos. Teníamos la hipótesis de que estaba enfadada por el palazo que le arreamos en la cabeza y por haberla llevado a la fuerza... pero igual es que yo era un malpensado.
No fue fácil sacarle información a cerca de sus planes, pero encontramos cerca de aquel campo un río cercano lleno de gansos, con lo que la colgamos desde el puente que cruzaba el río amenazando con tirarla para que los gansos la llenasen de picotazos y quizás se ahogara. Obviamente la muy condenada confesó rápidamente gracias a mis amplias dotes de persuasión y a que a Dave le daba el "tembleque" al sostener la cuerda que la mantenía sequita y le proporcionaba un gracioso contoneo.
Resulta que la señorita Martinette formó sociedad con aquella panda de brujas para formar la banda por un motivo fundamental: Su hermana Ladine le "sisó" gran parte de sus propiedades cuando se hicieron con la herencia de su familia aprovechándose de su mayoría de edad y eso le dejo al pequeño diablo a dos velas. Bajo el control de Ladine Ice, a Martinette no le quedaba otra salida que delinquir para, del algún modo, recuperar su patrimonio o bien hacerse con uno nuevo. Aún teniendo razones de peso la chica había estado jodiendo a media ciudad con sus negocios turbios y debíamos actuar como es debido y acorde a nuestras leyes.
Dave subió a Martinette de donde estaba colgada, la llevamos a la carretilla y mantuvimos unas palabras serias con ella mientras los primeros rayos de Sol inundaban el campo de acelgas, a esa chica le tenia que quedar claro lo que le esperaba al llegar a la mansión de nuestra cliente y que nosotros no nos andamos con chiquitas.
Seguimos haciendo camino atravesando los jardines cercanos rumbo a la mansión Ice, con la misma peste, las misma ropa, varios kilos de acelgas que tomamos prestadas y con la mente bien fría. Con suerte estaríamos allí antes de comer.
CONTINUARÁ...
lunes, 30 de septiembre de 2013
lunes, 16 de septiembre de 2013
PRISIONERA DEL CRISTAL
Aquel día en la aldea de Fanor se celebrara una gran fiesta, todo el pueblo reía y bailaba mientras el gran Sol iluminaba sus vidas. Era el día que todos, una vez al año esperaban, la recogida de la cosecha. Elodie no se encontraba allí. Era una chica extraña, considerada rara por la mayoría de sus vecinos. Solía adentrarse todos los días en el gran bosque de Sesám, a pocos kilómetros de la aldea, sin más compañía que una flauta dulce para amenizar el paseo.
A medida que se iba alejando de Fanor y adentrándose en el bosque, la calidez y sencillez crecían en ella hasta que llegaban a envolverla. Nunca se la conoció en la aldea por ser una persona abierta y afectuosa excepto claro está, su familia. Siempre actuaba como le parecía que debía ser y no como era en realidad, eso lo dejaba para los momentos de soledad en el bosque, donde podía componer y tocar sus melodías sin avergonzarse de nada. Era como si estuviera prisionera, cautiva de una jaula de cristal que se parecía a ella, hablaba como ella y se movía como ella, pero no lo era. La verdadera Elodie se encontraba en su interior, sintiéndose sola por no poder salir de ahí salvo cuando sus piernas la llevaban al bosque.
Elodie llegó a su rincón preferido de Sesám, un gran claro con un lago en el que le gustaba bañarse todos los días que podía y evidentemente, ese día no fue la excepción. Mientras nadaba lentamente de un lado a otro pensaba en todas las personas que siempre le habían acompañado en su vida en la aldea. Lamentaba mucho no ser capaz de mostrarse como era a todos ellos, sólo unos pocos afortunados podían disfrutar del afecto de la chica y de toda su bondad. Ella no podía salir de su prisión, pensaba que, si lo hacía, podrían herirla el día menos pensado. Daba resultado pero resultaba ser un arma de doble filo, ya que se hacía daño a sí misma por dentro. Es por eso que no solía entretenerse a hablar con la gente no cercana a ella más de lo estrictamente necesario, empleando para ello conversaciones banales y fugas rápidas, tenía miedo de que alguien rompiera de repente su forma artificial.
Salió del lago, se secó y vistió. Empezó a tocar una de sus melodías preferidas, de esas que nadie se cansaría de oír ni aunque pasaran mil años. El claro del bosque se inundó de música, risa, llanto y todo tipo de emociones. Era como una segunda fiesta alejada de la aldea, la fiesta del corazón de Elodie.
Dio la casualidad que un joven pasaba cercano al lago y escuchó la flauta dulce de Elodie. Era lo más hermoso que había escuchado en su vida y no tuvo más remedio que quedarse a escuchar. Siguió avanzando hasta que, oculto desde la maleza él la vio. Todo lo que vio le dejó abrumado hasta el punto que fue incapaz de moverse, sólo su corazón latía con fuerza.
Cuando ella marchó el recobró el movimiento. No consiguió reunir el valor suficiente para aparecer ante ella, seguramente, por miedo a no volver a verla jamás o no conseguir romper el cristal que la mantenía prisionera siempre que había gente. El joven quería a esa Elodie, la que no se avergonzaba de nada, la que tocaba aquella preciosa música.
Elodie siguió volviendo todos los días al bosque de Sesám, y él... bueno él jamás pudo salir de allí.
martes, 10 de septiembre de 2013
NOIR ( Capítulo 7)
Chicago, 23 de Abril de 1926
Dave estaba "on fire" y los guardias de Vickinson, alertados, corrieron a apagar el fuego de su tutú a base de cubos de agua y puñados de barro por un tubo que le arrojaban. Mientras Dave se sacrificaba por el equipo conseguí desatarme y descolgarme sin que los guardias se diesen cuenta. Un par de ellos repararon en mi huida pero conseguí darles esquinazo corriendo como un condenado y arrojándoles todo lo que encontraba a mi paso. Más tarde idearía la forma de rescatar a mi ayudante de su cautiverio.
Pasaron un par de horas y salí del hoyo en el que me había metido, si quería salvar a Dave debía de ser rápido y listo cual cerdo. Tomé prestados unos pantalones tendidos de una casa cercana, dejé el tutú y me dirigí directamente al huerto trasero de la señora Vickinson a oscuras y sin hacer a penas ruido.
Asomé la cabeza por detrás de la valla y la cara de tonto que se me quedó al ver lo que vi... Vickinson y Tamärersen se encontraban de pie frente al pobre Dave que se encontraba atado y tirado en el suelo pero por si eso fuera poco al lado de las dos brujas se encontraba... Martinette!. ¿La hermana de la señorita Ice estaba detrás de todo esto? No podía creérmelo, pero independientemente de la situación tenía que sacar al inútil de mi ayudante de allí, ya habría tiempo para arreglar cuentas con la pequeña de los Ice.
Como imaginé esos mangurrianes guardaban algo de mierda de paloma en cubos para dejar constancia de la autoría de sus fechorías, así que no me costó mucho encontrar dónde la guardaban. Me subí al tejado que estaba justo detrás del aquelarre de brujas con un cubo de mierda y una pala. Lo siguiente sucedió en cuestión de segundos: la mierda voló por los aires hasta las cabezas de las tres mujeres y cayéndoles por la cara, lo que las dejó incapacitadas por un tiempo breve. Les pegué un palazo en la cabeza a cada una, desaté a Dave y juntos cogimos en volandas a la inconsciente Martinette y salimos echando leches.
Robamos una carretilla con un caballo y cargamos a la chica detrás. Pusimos rumbo a la mansión de la señorita Ladine con la "entrega especial" pensando que habíamos resuelto el caso, oliendo a caca de paloma, añorando una ducha y muertos de hambre, pero no todos nuestros problemas acabarían esa misma noche...
CONTINUARÁ...
Dave estaba "on fire" y los guardias de Vickinson, alertados, corrieron a apagar el fuego de su tutú a base de cubos de agua y puñados de barro por un tubo que le arrojaban. Mientras Dave se sacrificaba por el equipo conseguí desatarme y descolgarme sin que los guardias se diesen cuenta. Un par de ellos repararon en mi huida pero conseguí darles esquinazo corriendo como un condenado y arrojándoles todo lo que encontraba a mi paso. Más tarde idearía la forma de rescatar a mi ayudante de su cautiverio.
Pasaron un par de horas y salí del hoyo en el que me había metido, si quería salvar a Dave debía de ser rápido y listo cual cerdo. Tomé prestados unos pantalones tendidos de una casa cercana, dejé el tutú y me dirigí directamente al huerto trasero de la señora Vickinson a oscuras y sin hacer a penas ruido.
Asomé la cabeza por detrás de la valla y la cara de tonto que se me quedó al ver lo que vi... Vickinson y Tamärersen se encontraban de pie frente al pobre Dave que se encontraba atado y tirado en el suelo pero por si eso fuera poco al lado de las dos brujas se encontraba... Martinette!. ¿La hermana de la señorita Ice estaba detrás de todo esto? No podía creérmelo, pero independientemente de la situación tenía que sacar al inútil de mi ayudante de allí, ya habría tiempo para arreglar cuentas con la pequeña de los Ice.
Como imaginé esos mangurrianes guardaban algo de mierda de paloma en cubos para dejar constancia de la autoría de sus fechorías, así que no me costó mucho encontrar dónde la guardaban. Me subí al tejado que estaba justo detrás del aquelarre de brujas con un cubo de mierda y una pala. Lo siguiente sucedió en cuestión de segundos: la mierda voló por los aires hasta las cabezas de las tres mujeres y cayéndoles por la cara, lo que las dejó incapacitadas por un tiempo breve. Les pegué un palazo en la cabeza a cada una, desaté a Dave y juntos cogimos en volandas a la inconsciente Martinette y salimos echando leches.
Robamos una carretilla con un caballo y cargamos a la chica detrás. Pusimos rumbo a la mansión de la señorita Ladine con la "entrega especial" pensando que habíamos resuelto el caso, oliendo a caca de paloma, añorando una ducha y muertos de hambre, pero no todos nuestros problemas acabarían esa misma noche...
CONTINUARÁ...
sábado, 7 de septiembre de 2013
¿Y QUÉ MÁS DA?
Ya de vuelta después de otro día de idas y venidas, en calma, quizás demasiado. Puede que sea uno de esos días en los que deseo que la vida fluya sola, al fin y al cabo a veces quieres soltar las riendas por un momento, dejarlo todo a lo que venga por sí solo. Quizás he pensado demasiado y mi mente está cansada, quizás no haya nada por lo que sufrir en este momento, o bien es que me he vuelto algo gilipollas, ¿qué le voy a hacer?. Realmente os juro que me gustaría ser constante en todo, pero para la vida no tienes a un "profe" que te diga que vas por buen camino.
Puede que alguno piense que me estoy volviendo "emo" o alguna de esas mierdas, nada más lejos de la realidad, mi buen carácter sigue intacto y esas cosas de niños de quince ya no me afectan. Es sólo que a veces sueles preguntarte para dónde coño estás tirando cuando crees que el camino que has elegido para según que cosas no es el correcto. Supongo que me como demasiado la cabeza, toda la vida ha sido igual y pretender que deje de ser así es como intentar que las aguas del mar se queden completamente quietas. A veces la solución más clara para un problema no lo es.
Puede que alguno piense que no tiene ningún sentido esto que escribo aquí. Sólo es que necesito hacerlo, no le deis más vueltas, la principal razón de la existencia de este blog es por mi mismo. Me gusta que valoren lo que hago pero fundamentalmente lo hago por mi. Supongo que tras sucesos pasados en mi vida he aprendido a quererme y respetarme más que antes y este es un bálsamo para mi interior, que utilizo siempre que necesito.
Puede que otros piensen: "Mira este, ¿por qué cuenta su vida o sus movidas mentales aquí, para todo el mundo?. PORQUE ME DA LA GANA, así de simple. Aprovecho para animar a todo el mundo a que no deje que nadie le cuestione en todo aquello que haga, siempre que no interfiera en la vida de los demás ni sea autodestructivo, de verdad, es muy sano, creceréis por dentro y pareceréis más grandes por fuera.
Estoy apático, si, y por supuesto la mayoría de las veces no viene de la nada. Algunos sabréis el por qué, otros no tanto y la mayoría no tendréis ni puta idea. Tranquilos, no lo digo de manera despectiva, es sólo una expresión más.
Pero también estoy tranquilo, en un estado de tranquilidad suprema. Todo da igual, sólo quiero echarme en la cama con los cascos y alguna música tranquila. Todo esto es lo que me ha tocado y da igual cuantas veces maldiga, o cuantas me queje, o cuantas tenga el impulso de pegar un grito en un descampado. No lo voy a poder cambiar, ya no está en mi mano más que seguir siendo como soy, que se encargue el libre albedrío de los cojones de hacer lo que tenga que hacer, tanto si es bueno como si es malo, que yo me lo serviré con patatas y quizás un poco de ensalada.
Creo que por hoy nada más la verdad... sea quien sea quien me lea... espero al menos haberte conseguido entretener un ratillo.
martes, 3 de septiembre de 2013
EN LA OSCURA HABITACIÓN
Aquella noche la mirada de él estaba fija en el techo, tumbado desde su cama se encontraba nervioso, con las piernas inquietas de un lado a otro del colchón moviéndose de un lado a otro describiendo la trayectoria de un péndulo. Siempre fue durante toda su vida un soñador empedernido y gastaba en numerosas ocasiones horas de sueño volando a través de todo aquello que emergía de los anhelos de su corazón. Pudiera ser que ese día le hubiera ido mal y estuviese "viviendo" aquella noche la historia alternativa, su versión correcta de como debían de haber ido las cosas. Quizás estaba pensando en alguien a quien había hecho algo fuera de lugar, algo malo que no se mereciera y la manera de enmendarlo. Es posible que simplemente desease algo mejor de lo que tiene o nada más que ser mejor, superarse... Esa noche no conciliaba el sueño pero no por ninguna de esas razones, existe una mucho más poderosa que las anteriores, más duradera y que sólo finaliza con un beso o un rechazo.
Ella ocupaba sus pensamientos desde hace pocos meses atrás, apareció como siempre aparece un nuevo amor, sin avisar, sin pedir permiso, de repente un día se giró y ella estaba allí. Desde ese momento dormirse a media noche para poder descansar lo suficiente fue imposible porque, cuando esto pasa el resto del mundo pierde importancia, mirar el reloj suponía contar las horas para volver a verla, mirar el calendario los días y mirar el techo desde su cama era... ver sus ojos, su pelo, su sonrisa y estar en silencio era escuchar su voz. Él se encontraba en un estado de euforia reprimida, deseaba liberarla con un grito tal que las paredes temblaran, todas las noches su corazón salía a correr sin él y a veces volvía muy tarde a descansar al fin.
Durante ese tiempo vivieron juntos en su cabeza: paseaban por un parque mirándose con una sonrisa, disfrutaban de una película en el sofá uno recostado encima del otro, compartían un fin de semana en el campo o en una playa o simplemente disfrutaban de una cena solos. Todo daba igual, él era feliz de todas las maneras posibles, se fundía con su amor en un beso todas las veces que lo deseara, todo el tiempo que tuviera que durar.
Cuando el chico abrió los ojos volvió a encontrarse con el techo de su habitación, blanco e iluminado por la luz del Sol que ya entraba por la ventana. Se había quedado dormido y lo que empezó cuando él estaba despierto continuó durante su sueño. Ya no quedaba ni rastro de ella salvo los recuerdos de ese mundo onírico. Al muchacho le llegó la hora de pagar la factura de la irrealidad, seguía allí, deseando que todo aquello fuera real, le invadió la rabia y la impotencia y, más tarde, la tristeza.
Tal vez algún día todo o parte de aquello que soñó en la vigilia y en el sueño se haría realidad, o tal vez no, tal vez todo aquello acabaría por diluirse en el olvido poco a poco, dejando tan sólo una pequeña cicatriz dentro de sí mismo que acumularía a las que ya tiene. Pero si el sueño se convirtiera en realidad...
Se juraría que si lo conseguía jamás permitiría que ella llegase a sentirse sola.
Se juraría que juntos lo superarían todo.
Se juraría que guardaría cada beso que consiguiera de sus labios, que cada abrazo pareciese eterno.
Se juraría... hacerla feliz y por supuesto, llegar a serlo.
Un nuevo día comenzaba para él, se preparó para salir a la calle y librar la batalla diaria. Se puso sus gafas de Sol y comenzó a andar con paso firme calle arriba, en dirección al metro mientras decidía qué canciones le acompañarían desde su MP3 en su pequeño viaje. En su interior... su deseo de llegar hasta ella.
Ella ocupaba sus pensamientos desde hace pocos meses atrás, apareció como siempre aparece un nuevo amor, sin avisar, sin pedir permiso, de repente un día se giró y ella estaba allí. Desde ese momento dormirse a media noche para poder descansar lo suficiente fue imposible porque, cuando esto pasa el resto del mundo pierde importancia, mirar el reloj suponía contar las horas para volver a verla, mirar el calendario los días y mirar el techo desde su cama era... ver sus ojos, su pelo, su sonrisa y estar en silencio era escuchar su voz. Él se encontraba en un estado de euforia reprimida, deseaba liberarla con un grito tal que las paredes temblaran, todas las noches su corazón salía a correr sin él y a veces volvía muy tarde a descansar al fin.
Durante ese tiempo vivieron juntos en su cabeza: paseaban por un parque mirándose con una sonrisa, disfrutaban de una película en el sofá uno recostado encima del otro, compartían un fin de semana en el campo o en una playa o simplemente disfrutaban de una cena solos. Todo daba igual, él era feliz de todas las maneras posibles, se fundía con su amor en un beso todas las veces que lo deseara, todo el tiempo que tuviera que durar.
Cuando el chico abrió los ojos volvió a encontrarse con el techo de su habitación, blanco e iluminado por la luz del Sol que ya entraba por la ventana. Se había quedado dormido y lo que empezó cuando él estaba despierto continuó durante su sueño. Ya no quedaba ni rastro de ella salvo los recuerdos de ese mundo onírico. Al muchacho le llegó la hora de pagar la factura de la irrealidad, seguía allí, deseando que todo aquello fuera real, le invadió la rabia y la impotencia y, más tarde, la tristeza.
Tal vez algún día todo o parte de aquello que soñó en la vigilia y en el sueño se haría realidad, o tal vez no, tal vez todo aquello acabaría por diluirse en el olvido poco a poco, dejando tan sólo una pequeña cicatriz dentro de sí mismo que acumularía a las que ya tiene. Pero si el sueño se convirtiera en realidad...
Se juraría que si lo conseguía jamás permitiría que ella llegase a sentirse sola.
Se juraría que juntos lo superarían todo.
Se juraría que guardaría cada beso que consiguiera de sus labios, que cada abrazo pareciese eterno.
Se juraría... hacerla feliz y por supuesto, llegar a serlo.
Un nuevo día comenzaba para él, se preparó para salir a la calle y librar la batalla diaria. Se puso sus gafas de Sol y comenzó a andar con paso firme calle arriba, en dirección al metro mientras decidía qué canciones le acompañarían desde su MP3 en su pequeño viaje. En su interior... su deseo de llegar hasta ella.
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