Me llamo Christian Moreno Ayuso Wilfredo Manchester United Connington Monedero, Charmander III, siempre he sido conocido como un hombre al que le gustaba la rutina, tranquilo, con clase, atractivo... hasta el día que entré en la facultad de Podología de la UCM, ese día todo cambió.
La facultad podía ser un sitio agradable, pero si no te andabas con cuidado te volvías loco en cuestión de semanas. Fue en los comienzos donde empecé a conocer a los que serían mis compañeros de fatigas en ese antro. Tras un año de éxitos académicos y de conocernos más nos dimos cuenta de que nos habíamos vuelto gilipollas de tanto esfuerzo y empezamos a improvisar planes con más frecuencia que de costumbre para no perder el norte y estrechar sexymente los lazos entre nosotros.
Hasta que llegó el día en el que juntamos todos los ingredientes para un fin de semana ferpecto: Cinco personas, un coche que se caía por fascículos y sin oferta de lanzamiento, una casa a 300 km en la que había que atravesar Invernalia para poder mear por la noche, cosas bonitas que ver (un par de pueblos, un castillico, un viejo en coma viendo la tele, las ovejas de Carmen Sevilla...), gorros estúpidos y boinas, garrotas y vecinos cotillas. Una de dos, o conseguíamos divertirnos, o moríamos en el intento.
Tras recoger a la propietaria del inmueble sospechosamente situada en una rotonda comenzamos nuestro camino hacia tierras extremeñas, más apretados en el coche que los calzoncillos de Falete. Una vez nos plantamos allí hicimos lo propio, comprar víveres para subsistir: carne, leche, conchas para el desayuno, flanes y UN BOTE DE NATA (apréciese que esto último lo escribo en mayúsculas para resaltar la importancia de tan codiciado artículo de alimentación y/o fantasía). Como caímos en la cuenta de que necesitábamos calentarnos por la noche decidimos hacer un fuego, por lo que para ello usufructuamos toda la propaganda que tenía el Día en la puerta (qué bien ardía pero qué poco duraba).
Tras cenar unas pizzas quemadas de Tarradellas y destrozar unas cuantas canciones en el karaoke salimos de aventuras esa misma noche por Madroñera. En el pueblo no había ni un alma, pero llevábamos la fiesta y la estupidez donde hiciese falta sin importar quién está o no está. Pasamos frío y tras un pequeño paseo hasta donde Cristo perdió la chancla, unas cuantas imitaciones PERFECTAS por mi parte y gitanadas colectivas varias nos volvimos al pesebre.
He de decir que por las noches no pasábamos frío en la casa, teníamos manticas, un radiador que no tardó en llevarse la dueña para su cuarto, calor humano... Eso sí, mis agradecimientos a la Srta Claudia Hoyas que tuvo en consideración forrarme a leches esporádicamente para hacerme entrar en calor, eso son amigas y lo demás es tontería.
Tras un rato haciendo el Pink-Floyd nos fuimos llendo a reposar a los sarcófagos. Claudia y Tamara a la habitación con el rosario diabólico fluorescente y cama de roble más gorda que un Snorlax en Telepizza, David, Paula y servidor a la habitación V.I.P. (osease, de los guays, de los que molan, de los que cortan el bacalao, de los amos del universo, de Pili,Mili y Vanilly, de los tres mosqueteros, del trío calavera, de los tres cerditos, de los tres tristes trigres comiendo trigo en un trigal y con esto creo que ha quedado suficientemente claro).
Acabábamos de llegar como aquel que dice a ese rústico lugar y ya la habíamos liado un poco, pero l@s cinco fuckers necesitaban descansar, el día siguiente sería más sexy y movidito.
TO BE CONTINUED... (QUE SIFINICA, CONTINUARÁ).
FIN DEL CAPÍTULO PRIMERO DE TRES.
No hay comentarios:
Publicar un comentario