La protagonista de esta historia no es otra que María, que ni es virgen, ni es puta, pero tiene guasa la cosa supongo. María se encontraba aburrida en su casa, pensando quizás en nuevas formas de trolear a la gente, o más bien en una de sus muchas series extrañas con las que mataba el tiempo.
De repente apareció ante sus ojos una diminuta criatura que los antiguos solían denominar perro. Estos seres carentes de toda lógica (o quizás lo contrario) tienen tendencia a defecar y miccionar en el interior de las casas si no se actúa a tiempo sacándolos fuera y precisamente sus ojos saltones lo decían, la diminuta criatura miraba a María y esta en su interior oía una voz que susurraba: caca... caca... caca... y puede que pisss y puede que pisss y puede que pisss. Con cierta celeridad María se puso lo primero que tenía a mano y bajó a la criatura de nombre Gretel por el transportador vertical de su hogar hacia la calle.
A medida que iba avanzando por la calle un temor crecía en María, probablemente debido a que su pequeña alimaña fabricante de heces nunca le había hablado antes por telepatía, sólo se limitaba a chillar hasta que sus deseos fueran cumplidos. La chica pensó que serían imaginaciones suyas y siguió andando cuando entonces pasó: tres cigüeñas con aspecto de paloma volaban en círculos tres metros por encima de ella.
Una de esas cigüeñas-paloma se plantó frente a ella y su voz resonó en la cabeza de la pobre incauta que debió quedarse en su casa aquella tarde: María, escúchame porque soy una de las tres cigüeñas-paloma puñeteras y ancestrales, te traemos un hijo y con él la buena nueva. Ha llegado a ti el que será el nuevo mesías de los trolls, pero no sólo deberás cuidarlo y guiarlo por la senda del hijoputismo amateur, tendrás que buscarle un padre, un pobre infeliz que complete su educación, y lo encontrarás en twitter. Cuando pidas un saludo por un tweet, el primero que te lo devuelva, ese será el pardillo.
Después de todo esto las cigüeñas-paloma elevaron violentamente el vuelvo dejando un chorrete de mierda tras de sí, a la par que a una estupefacta joven con su aún más alucinado bicho con cadena.
Subió nuevamente a su morada y tal y como le habían indicado esos extraños seres, María hizo caso y realizó todo tal y como había dicho. El pobre infeliz no tardó en aparecer, no era otro que Christian, un aprendiz de podólogo madurito y sexy sin nada mejor que hacer. Tras el saludo, María le reveló la buena nueva y puso al niño cigüeñero-palomero el nombre de Cristino. Se abría una nueva era para todos los trolls del mundo.
FIN DE LA PARANOIA.
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