Aquella noche la mirada de él estaba fija en el techo, tumbado desde su cama se encontraba nervioso, con las piernas inquietas de un lado a otro del colchón moviéndose de un lado a otro describiendo la trayectoria de un péndulo. Siempre fue durante toda su vida un soñador empedernido y gastaba en numerosas ocasiones horas de sueño volando a través de todo aquello que emergía de los anhelos de su corazón. Pudiera ser que ese día le hubiera ido mal y estuviese "viviendo" aquella noche la historia alternativa, su versión correcta de como debían de haber ido las cosas. Quizás estaba pensando en alguien a quien había hecho algo fuera de lugar, algo malo que no se mereciera y la manera de enmendarlo. Es posible que simplemente desease algo mejor de lo que tiene o nada más que ser mejor, superarse... Esa noche no conciliaba el sueño pero no por ninguna de esas razones, existe una mucho más poderosa que las anteriores, más duradera y que sólo finaliza con un beso o un rechazo.
Ella ocupaba sus pensamientos desde hace pocos meses atrás, apareció como siempre aparece un nuevo amor, sin avisar, sin pedir permiso, de repente un día se giró y ella estaba allí. Desde ese momento dormirse a media noche para poder descansar lo suficiente fue imposible porque, cuando esto pasa el resto del mundo pierde importancia, mirar el reloj suponía contar las horas para volver a verla, mirar el calendario los días y mirar el techo desde su cama era... ver sus ojos, su pelo, su sonrisa y estar en silencio era escuchar su voz. Él se encontraba en un estado de euforia reprimida, deseaba liberarla con un grito tal que las paredes temblaran, todas las noches su corazón salía a correr sin él y a veces volvía muy tarde a descansar al fin.
Durante ese tiempo vivieron juntos en su cabeza: paseaban por un parque mirándose con una sonrisa, disfrutaban de una película en el sofá uno recostado encima del otro, compartían un fin de semana en el campo o en una playa o simplemente disfrutaban de una cena solos. Todo daba igual, él era feliz de todas las maneras posibles, se fundía con su amor en un beso todas las veces que lo deseara, todo el tiempo que tuviera que durar.
Cuando el chico abrió los ojos volvió a encontrarse con el techo de su habitación, blanco e iluminado por la luz del Sol que ya entraba por la ventana. Se había quedado dormido y lo que empezó cuando él estaba despierto continuó durante su sueño. Ya no quedaba ni rastro de ella salvo los recuerdos de ese mundo onírico. Al muchacho le llegó la hora de pagar la factura de la irrealidad, seguía allí, deseando que todo aquello fuera real, le invadió la rabia y la impotencia y, más tarde, la tristeza.
Tal vez algún día todo o parte de aquello que soñó en la vigilia y en el sueño se haría realidad, o tal vez no, tal vez todo aquello acabaría por diluirse en el olvido poco a poco, dejando tan sólo una pequeña cicatriz dentro de sí mismo que acumularía a las que ya tiene. Pero si el sueño se convirtiera en realidad...
Se juraría que si lo conseguía jamás permitiría que ella llegase a sentirse sola.
Se juraría que juntos lo superarían todo.
Se juraría que guardaría cada beso que consiguiera de sus labios, que cada abrazo pareciese eterno.
Se juraría... hacerla feliz y por supuesto, llegar a serlo.
Un nuevo día comenzaba para él, se preparó para salir a la calle y librar la batalla diaria. Se puso sus gafas de Sol y comenzó a andar con paso firme calle arriba, en dirección al metro mientras decidía qué canciones le acompañarían desde su MP3 en su pequeño viaje. En su interior... su deseo de llegar hasta ella.
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