Escribiendo de nuevo desde mi ya deteriorada silla de trabajo, la verdad es que no parece que haya pasado un año prácticamente, me encuentro reviviendo una situación que me resulta bastante familiar: una silla, mis dedos moviéndose a diferentes velocidades sobre el teclado, un calor sofocante, con sólo la luz de la pantalla y como no, la soledad de la noche de verano con el siempre efecto sedante del sonido de los grillos que tanto me gusta. Sí, es curioso como me recuerdo escribiendo aquí hace un año de la misma forma con la que lo hago ahora pero con diferente sensación.
Es probable que me sienta un poquito más maduro, o quizás sea que toda aquella exaltación que invadía mi cuerpo al escribir mi primera entrada ya no está, se ha disipado con el desarrollo de los acontecimientos, algunos inevitables y otros no tanto. Yo lo calificaría como una especie de amor absurdo, juvenil, no fundamentado en nada, simplemente el ansia por encontrar aquello que siempre he perseguido. Sinceramente mentiría si dijese que todo aquello ahora me da igual, las ideas siguen ahí, el corazón recuerda cada sensación latido a latido, pero con diferente compás, un ritmo lento y acompasado que lo gestiona todo como si de un programa de ordenador se tratase, al fin y al cabo es el pasado y por tanto esos sentimientos son sólo recuerdos.
Me dí el encontronazo con esa pared de hormigón de la que hablaba en aquella entrada de Julio de 2013, pero más que una ostia seca y cruel fue un aterrizaje sobre ella, lento y agridulce en el que te das cuenta que nuevamente como le sucede a mucha gente has elegido mal. Así que con la anestesia esperé que se pasase el dolor de la operación que me hice a mi mismo, al fin y al cabo estas cosas dependen de dos y no de uno sólo.
Sin embargo pese a todo ello no me arrepiento de nada, esas cosas no sirven y equivocarse también es la manera de llegar a lo que uno quiere, de hecho la mayoría de las veces es así. Evidentemente no pude atrapar ese sentimiento y hacerlo mio solamente para que me diese el poder para escribir unas pocas líneas que compartir, no se puede amar para nadie y evidentemente el amor se escapa como el olor de un buen guiso por la rendija de una ventana.
Continué escribiendo, varié mi temática, intenté plasmar mi humor con una historia que contenía pequeños trocitos de mi vida camuflados bajo la piel de un detective estúpido, interesado y traicionero y aun así, dí palos de ciego en lo que volver a expresar un sentimiento se trataba, sólo quedaban deseos. Llegué a la idea de que también podría derramar algo de bilis aquí, sobre esas pequeñas cosas que tanto me irritan pero no me di cuenta de lo más importante: estaba vacío. Si el blog nació como vía de desahogo personal darle otra utilidad puede que tuviera gracia un tiempo pero darse cuenta en algún momento que lo has contado todo... en fin, creo que los exámenes eran una excusa que me ponía a mi mismo para no querer ver que sólo debía retomar este pequeño proyecto libre y personal cuando tuviera algo que contar, cuando te das cuenta de que las palabras brotan solas de tus dedos como sucede esta noche, ese es el momento.
No sé si será el verano con su calor sofocante que me impide dormir, ahora no me importa si tengo tiempo libre, pues tan sólo es una excusa cuando siempre se tienen unos minutos para compartir pero aquí me encuentro de nuevo tras un año con mucho sentido, enriquecedor en muchos aspectos y, aunque tan sólo esté de vuelta para repasar todo aquello que fue no me cabe la menor duda de que volveré a soñar con lo que podría ser, y aun probablemente con menos entusiasmo que al principio además de ser un insignificante año más mayor venir aquí a contarlo vuelve a ser todo un placer para mi.
Me agradaría mucho que al menos algunas personas volvieran a tener a bien visitar este mi pequeño rincón y compartirlo, aunque seamos cuatro gatos, siempre tendrá sentido porque ahora... vuelve a salir de mi interior más genuino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario