Al fin llegue a mi casa, entro sin hacer mucho ruido y me pongo el pijama. Estaba bastante cansado así que caí rendido en la cama. Caí... y seguí cayendo a medida que mis sentidos me abandonaban hasta que me encontré bajando lentamente a través de una fina niebla entre la que se observaban formas difusas en las que se mezclaban los colores. Sin un rumbo fijo seguí cayendo lentamente, de vez en cuando durante mi trayecto algunas de esas formas difusas se definían mostrándome todo tipo de gente que habita en mis recuerdos, todas esas personas en variadas situaciones. Otras veces las formas se disponían configurando lugares pertenecientes también a mi memoria.
Qué tendrán los sentimientos que son capaces de acompañarte hasta el más profundo de tus sueños... Esa tristeza que viaja conmigo en el mundo real suele decidir acompañarme a menudo, "por mucho que hagas, por mucho que te muevas esa persona sigue sin aparecer, ya no tienes claro si llegará, ¿verdad?, ¿qué estás haciendo mal?, ¿a caso no vales para tener pareja?, ¿qué te falta?". Harto de todos esos pensamientos oscuros que no me dejan estar bien me planteaba la posibilidad de echarlo todo abajo para volver a construirlo desde "cero", tal y como se hace con algunos edificios. Debía seguir cayendo, debía agarrar toda esa sombra bien fuerte entre mis manos herméticamente cerradas y tomar más impulso hacia abajo, si, en ese momento lo veía claro, tenía que caer todo lo deprisa que pudiera y destrozar mi parte oscura contra el fondo de manera que no quedase nada así que me hundí en la niebla entre el espesor y mis recuerdos volvieron a perder la forma, ya no veía si quiera objetos difusos ni paisajes borrosos, me abandoné al vacío.
Mientras caigo me invaden sentimientos de furia, impaciencia, el "por qué yo no", el "esto se ha acabado" y mientras caigo mis ojos buscan ansiosos vislumbrar el fondo, a una velocidad vertiginosa mientras yo daba vueltas sobre mi mismo, deseaba que todo se desintegrara, que no quedase ni una pizca, porque debía caer hasta lo imposible para volver a resurgir e impulsarme hacia arriba con igual fuerza. Las lágrimas brotaban de mis ojos y se disipaban a gran velocidad cuando al final, vi un gran muro, ya faltaba poco para llegar y no pensaba aminorar el ritmo de caída.
Al final el impacto me retornó a la realidad y lo primero que vi fue la luz de un nuevo día, sé que llegué abajo y que allí se quedó todo aquel mal, ahora sólo espero que no regrese y aunque sea sólo, espero subir con una fuerza de dos.
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