Tumbado, una fría brisa se cuela por la ventana de mi habitación en un quinto piso y me despierta recorriendo mi columna de arriba a abajo y termina de despertarme. Para mi se acabó el sueño (si consiguiera acordarme de lo que soñé anoche) y, como siempre, me puse a recorrer el pasillo para hacer el tour de todas las mañanas entre el baño y la cocina. Mi cuerpo que no acababa de despertarse al mismo ritmo que mi mente iba meciéndose por el camino de izquierda a derecha y de derecha a izquierda hasta que, al fin, llego a mi primer objetivo.
Es un día en el que sin saber por qué, me encuentro más alicaído, apagado. Por mucho que buscas dentro de ti no consigues encontrar la causa, realmente no te pasa nada, o quizás sí y aún no te has dado cuenta de qué es. ¿Es posible que sean las nubes grises o el aire frío los culpables de mi apatía?. No, definitivamente no, si bien es cierto que el tiempo influye en la mayoría de las personas yo no lo siento así. Las palabras de la gente me queman, deseo estar sólo y a la vez no, es una batalla que se libra dentro de mi sin tregua.
Es un día en el que sientes que la vida no avanza nada, que deseas acelerar el tiempo, ver qué pasará, ver qué estarás haciendo, pues la inquietud es otro estado típico de ese tipo de días. Me levanto, me siento, me vuelvo a levantar para salir a la terraza pensando tonto de mi que igual la causa de mi estado de "tontunería extrema" se debe a estar entre cuatro paredes. ¿Para qué? no funciona. Vuelvo a mi habitación, me siento y comienzo a juguetear con un marcapáginas entre mis manos, de esos con imágenes tridimensionales que te dejan absorto un buen rato, sin pensar en nada. Podría ponerme a leer, podría "echarme una play", podría ponerme música... pero no, estoy sentado y cabizbajo con un marcapáginas entre las manos.
En este tipo de días, no sabes quién podría ayudarte a escapar de esa maldición, quién podría devolverte ese estado natural en ti que alegra (o al menos lo intenta) a los demás, quién es el que te pondría las pilas a la espalda para que arrancases de una puta vez. En el momento que piensas eso es cuando te das cuenta de todo, siempre ha sido por eso, siempre ha sido lo que no funciona y vuelves a lo mismo porque sabes que la única cosa que te hace sentirte así es la que siempre vuelve, como un arma de doble filo que te saca unos momentos de tu letargo para luego volverte a sumergir en él aún más profundo que antes.
En este tipo de días, "a la mierda todo" es lo único que se me ocurre, pero hay cosas que llevan su tiempo y esta es una de ellas. Tu parte infantil la quiere ya, tu parte adulta disfruta de la espera y te calma. Ambas partes luchan, ¿cuál ganará?.
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